Tenemos que querernos más

Que importante es sentir amor hacia uno mismo y así querernos más, pero no un amor exacerbado ni narcisista, no un amor de esos que nos colocan por encima de los demás, sino un amor sano, contemplativo, ese que nos sitúa al mismo nivel que los demás, donde podemos sentir que estamos en armonía con la vida y donde podemos presentarnos al resto tal y como somos, sin caretas, sin miedos, sin guiones.

Alcanzar el amor propio equilibrado pasa por haber sido amado incondicionalmente, por haberse sentido considerado e integrado en el grupo en las primeras etapas de la vida, sin duda es el mejor regalo que puede hacer una familia a cualquier niño, quererlo sin más, por lo que es, por lo que representa, sin peros ni dudas ni quejas, tal cual se manifiesta, al margen de nuestros deseos y expectativas. Este primer amor incondicional y pleno es el que nos permite crecer en sintonía con el desarrollo de una imagen adecuada y afectuosa de uno mismo. Si no nos sentimos amados o fuimos vejados,  humillados, despreciados, cuestionados, excluidos o abandonados, ciertamente el camino hacia una autoestima saludable va a resultar más complicado porque habrá que reparar todo aquello de lo que se careció y generar vínculos nuevos donde poder confiar en los demás para confiar en uno mismo. Pero también los excesos dañan, cuando fuimos excesivamente protegidos, enaltecidos, engrandecidos sin más mérito que provenir de un ambiente ególatra, tampoco podemos disfrutar de un amor propio que no se quiebre al salir de la guarida familiar, el pequeño narciso exigirá el reconocimiento allá donde vaya y sufrirá en exceso ante cualquier frustración, deprimiéndose por no poder aceptar la realidad o no ser admirado. Ambos deben aprender a quererse a sí mismos sin depositar afuera o en los demás lo que deberían colocar dentro: el amor propio.

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Elementos claves para querernos más (entre otros, por supuesto) y mejor:

  1. Para querernos más cuida tu diálogo interior. ¿Qué te dices a ti mismo sobre ti mismo? Una de las claves a la hora de medir el grado de amor que cada cual tiene de sí mismo es escuchar la narrativa que construye acerca de quién es y qué espera de sí mismo. La tarea no es fácil, de hecho normalmente se convierte en una demanda terapéutica, sin embargo puede tomarse conciencia de la forma que tenemos de hablarnos sobre lo que nos sucede y cómo lo vivimos. ¿Hablarías así a una persona que quieres? ¿Es eso lo que le dirías a un ser muy preciado sobre lo que piensas de él? ¿Sientes que lo que te dices y que consideras como cierto te aporta algo que te permita sentirte bien? ¿Quién te hablaba así cuando aun tú no podías hacerlo? ¿Podemos transformar esa narrativa de forma que resulte constructiva y en verdad más realista? Nuestra inteligencia es emocional y las emociones, cuando son negativas, oscuras, temerosas, tristes, depresivas, tiñen al discurso con las mismas cualidades, habrá que revisar entonces que pasa en ese mundo emocional que no deja que nada bueno se construya.
  2. Para querernos más aprende a aceptar elogios. Una de las dificultades de las personas con falta de amor propio tiene que ver con excluir de sus vivencias aquellas partes buenas que son vistas por los demás, por eso no se aceptan elogios a través de una humildad impostada, que más que humildad tiene que ver con la incapacidad de integrar mensajes positivos que son disonantes con la imagen que se tiene de uno mismo. Son estas personas que al recibir una crítica parecen hacerla suya rápidamente, pero ante una alabanza tienden al “eso no es verdad, venga ya, lo dices porque me quieres, tú no me conoces”, y así pasean por la vida, escupiendo sin saber muy bien por qué lo hacen todo aquello que puede nutrirles de amor. Aprender a integrar tanto las críticas como los elogios tiene que ver con un equilibrio, lo de fuera no tiene por qué destruirme ni por qué encumbrarme, sin embargo son oportunidades para completar aquello que yo pienso y siento acerca de mí. Aceptar las cosas buenas que nos regalan puede ser una buena inyección para empezar a reconocer que algunas cosas buenas habitan en mí.
  3. Salir de la posición de víctima. Sí, has leído bien…sientes que no te quieren, que no vales, que nadie te valora, que no eres capaz de hacer nada bien, que a los demás les va mejor que a ti, que jamás serás feliz, ¡despierta! Estás colocado en la víctima y desde ahí es imposible avanzar, la víctima vive atormentada, herida y siempre pierde, tiene un guión de vida incompatible con el crecimiento personal, está expuesta al sufrimiento constantemente y nada bueno puede sucederle, no lucha, no cambia, no se transforma porque una vez le hicieron daño y dejó de intentarlo. Lo que nos pasa, nos pasa, qué le vamos a hacer, no podemos controlarlo todo, pero habrá que alzar de nuevo el vuelo en algún momento, despegar del dolor para seguir el camino. No eres víctima más que de ti mismo cuando te instalas en una posición tan rígida e infantil, obviamente sin darse uno cuenta, por eso debe revisarse y tomar conciencia.
  4. Para Querernos más ¡Deja de imaginar y adivinar lo que los demás piensan de ti! ¡Te haces un daño innecesario! Tendemos a tratar de leer el pensamiento de los otros y por tanto corremos el riesgo de atribuir nuestros propios estados mentales, nuestros miedos y fantasmas en los demás, pero en realidad se trata de cosas que uno mismo no puede digerir y que coloca en los demás en un intento de darle coherencia a todo: “se nota que no me quiere, yo sé que no les caigo bien, tengo clarísimo lo que piensan de mí, es que se aburren conmigo, me miran como diciendo…mira que inútil”. No sé lo que los demás están pensando en cada momento, pero sí lo que me está ocurriendo a mí y esa es la única verdad, poner en duda las cosas que hasta ahora hemos creído sobre lo que los demás piensan de mí va más allá de vivir ignorando las opiniones de los demás, tiene más que ver con un darme cuenta de que todo lo que coloco fuera solo está dentro de mí y debo mantenerlo ahí, pudiendo identificar mejor un…me da miedo aburrir, o que no me quieran, o que piensen que soy inútil…pero solo eso, me da miedo, nada más.
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