Amistad que dura siempre

La palabra amistad proviene del latín amicĭtas, de amicus, amigo, derivado de amare, amar, y se define como una relación afectiva que establecen las personas en base a similitudes compartidas en el estilo de vida o en el carácter. Las analogías encontradas con los demás fomentan la identificación y por tanto el deseo de compartir experiencias y desarrollar vínculos de apego.

“Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba / engánchalos a tu alma con ganchos de acero”  William Shakespeare. Escritor británico (1564-1616)

A lo largo de la vida el ser humano va desarrollándose y creciendo gracias a los lazos que establece, en un principio con las figuras de apego que le proporcionan cuidado, protección y alimento, creando una red de vínculos familiares alrededor de los cuales se va forjando su carácter e intereses. Según avanza en el tiempo toma contacto con su necesidad de socialización y, si todo va bien, de vinculación con los iguales. En la segunda infancia se gestan las primeras y posiblemente más importantes relaciones de amistad que en los mejores casos nos acompañarán por el resto de nuestra vida, siendo su narrativa la de los amigos para siempre, los mejores amigos, los de toda la vida, los referentes vitales ordenados al lado de la familia y que suponen un marcaje fundamental en relación a la vida afectiva. No obstante las relaciones de amistad no siempre permanecen, las decisiones tomadas, los caminos emprendidos,  los cambios vitales y los cambios en la filosofía de vida generan distancia y fractura de los vínculos para abrirse al encuentro con nuevos amigos en siguientes etapas. Hay amistades que duran para siempre pero también hay amigos que marcan durante una etapa importante para no volver a aparecer, siendo su esencia el impacto que marcan en nuestro existir más que la permanencia constante.

Amistad para siempre

En esencia los amigos para siempre son los nobles que encontramos en momentos de apertura a los demás, proporcionan familiaridad, seguridad, diversión, confiabilidad, presencia moral, referencia, son un importante pilar en la vida difícil de fracturarse cuando los vínculos son fuertes y profundos. El intercambio afectivo se caracteriza por el acompañamiento en situaciones gratas y adversas, el compromiso tácito de ser leal a las necesidades del otro, la defensa de la autoestima en momentos de crisis y la sinceridad constructiva que también aparecen en las críticas en busca del crecimiento del otro. Los amigos para siempre cumplen un código ético entre ellos en el que aparecen elementos del tipo:

  • Lealtad. La honestidad está presente en los intercambios afectivos sean del tipo que sean, se puede expresar el cariño y también los desacuerdos sin que por ello se destruya el vínculo. No se contempla la traición, el engaño ni la mentira, los más grandes enemigos de la amistad, ser leal es un principio básico. La lealtad es el mayor de los valores en una relación íntima y se traduce en “sé qué personas jamás me traicionarían, sé con qué personas puedo contar”.
  • Atemporalidad. La amistad no se comprende como un tiempo compartido mientras duró aquello donde nos encontramos, sino que trasciende del punto de partida y se convierte en algo transversal que permanece latente, exista la misma cercanía física o no. Se trata de no medir el número de veces en que nos llamamos o nos dedicamos tiempo sino que lo que destaca es precisamente el mantenimiento del vínculo a pesar de las circunstancias y de los cambios que sufra el tipo de relación que puede mantenerse. Los amigos para siempre pueden contarlo por ser atemporales y simplemente, estar, pase lo que pase.
  • Sinceridad. En la amistad profunda no valen las apariencias, importa únicamente la autenticidad, el fondo de cada cual que aparece en una relación tan profunda como es la amistad verdadera. La sinceridad puede llegar a doler, sin embargo, en este tipo de relaciones es codiciada por el valor que adquiere la opinión verdadera del otro que hará de farolillo en momentos de oscuridad. Los amigos de siempre son valientes en sus juicios cuidando siempre el bienestar del otro, desean arrojar luz al amigo cuando le contemplan confuso y perdido, y aun a riesgo de ser rechazados se expresan, lo que sin dude les hace grandes y fieles.
  • Crisis. Como en toda relación afectiva las crisis aparecen en momentos de divergencia o de distancia para generar cambios, mejoras y ajustes necesarios frente a las nuevas circunstancias. Las crisis bien entendidas mejoran los vínculos, sin embargo, cuando se acogen con dolor y desconfianza, viviéndose como traición, pueden generar la ruptura de un vínculo tan preciado.
  • Implicación. La vida del amigo, sus problemas, sus circunstancias, su pareja, sus hijos, su trabajo, su familia, sus intereses, sus pérdidas y sus alegrías se convierten en temas importantes para nosotros. No se trata de hacerle sentir bien y cuidado sino de implicarse y sentir un interés real y compartido por sus asuntos. El grado de implicación varía también en función de la personalidad de cada uno, pero sin duda es necesario en algún nivel para mantener una relación equilibrada y duradera.
  • Confianza ciega. Pueden confiarse todos los secretos, de hecho, hacerlo aumenta la complicidad. Compartir información, miedos, deseos, fantasías además del día a día, convierte al otro en fiel portador de nuestra esencia y por tanto supone la entrega de la llave que encierra todo nuestro interior, la confianza se hace ciega y la relación fuerte, robusta, convirtiéndose en un gran árbol donde apoyarse cuando ya no se puede caminar más.
  • Amor y perdón. La amistad es una relación de amor, al otro se le quiere y se le quiere mucho, tanto que no dudaría en responder por él y en salir corriendo a su auxilio. Se trata de un amor más puro, menos interesado que otros por ser simétrico y extrafamiliar, el propósito no es crecer como ocurre en una pareja sino permanecer, simplemente estar, no es erótico, no es romántico, es amistad. Y en este tipo de amor perdonar es parte de su expresión, entender los errores del otro y aceptarlos define a la amistad como forma de querer al otro tal y como es, sin adornos.
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“Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere” Elbert Haubbard. Ensayista estadounidense (1856-1915)

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