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La amistad entre los hombres y las mujeres

Dicen que todos los tópicos nacen en esencia de una verdad, que no son necesariamente generalizaciones infundadas sino que recogen una idea general que varias generaciones han advertido como observación. Y es que algo o mucho de cierto hay en relación a que la amistad entre hombres y mujeres es bien diferente. A todos nos resuenan esas frases que se repiten en cualquier lugar del planeta: “los hombres pueden decirse de todo, pero con un poco de tiempo y un apretón de manos, igual que vino, se fue”; “el tema de las amigas es complicado, siempre hay enfados y rencores y si algo se rompe no hay manera de que vuelva a ser lo de antes”.

La amistad entre hombres es más fácil, las mujeres son demasiado complicadas... Click to Tweet

…y, entre ellas, más aún…

¿Acaso tienen algo de razón? ¿Acaso no asentimos todos con la cabeza al oírlas, aunque nos resistamos a creerlas? Veamos pues que encontramos en ellas que nos acercan a esa verdad observada por hombres y mujeres.

Hombres funcionales/ mujeres afectivas

La amistad en los hombres

Es posible que una de las diferencias básicas que se encuentran entre grupos de amigos de hombres y grupos de mujeres es el fin con el que se establecen las “quedadas”, obviamente salvando las particularidades de cada persona, es que la tendencia en los primeros es apostar por la practicidad, de modo que es habitual el quedar para hacer alguna actividad en común como ver un partido, hacer deporte o compartir algún proyecto en común, mientras que en las mujeres, además de reunirse para compartir ocio y actividades es muy habitual el reunirse para ponerse al día, hablar, conversar, compartir sentimientos. Si bien en los primeros se valora el nivel de compatibilidad para realizar las actividades, entre las mujeres la elección tiene que ver con la esfera emocional, con los lazos afectivos y la identificación con las demás, lo que le añade un carácter afectivo que no necesariamente van a necesitar los hombres.

¿Quién cuida más las relaciones de amistad?

Sin duda alguna parece ser que las mujeres. Tienden a estar más pendientes de su vida afectiva y la de sus amigas, buscan el apoyo emocional con bastante rapidez y tienden a la descarga emocional como mecanismo adaptativo. Las mujeres entre ellas suelen estar comunicadas y puestas al día de sus vidas, en caso contrario, ¡urge la quedada! Es difícil que sucedan cosas importantes sin que todas estén al día mientras que los hombres pueden estar tiempo sin hablar de temas personales, ¡aunque se vean a menudo!, de hecho pueden pasar largas temporadas sin verse y hacerse un resumen rápido y conciso sin excesos emocionales al volver a verse, del tipo…”si bueno, ya sabes, me divorcié y ahora estoy conociendo a alguien”, sin ser raro que se acompañe una respuesta del mismo estilo, “ah, vaya, cosas que pasan, pero mira, si estás bien…” y poco más que añadir, sin más necesidad de profundizar que la justa para el momento. Mientras tanto las mujeres conocerán el asunto desde bien antes de que si quiera existiese ninguna crisis.

Implicación e intimidad frente a compañía

Las relaciones que se establecen entre ambos sexos son diferentes porque sus necesidades también lo son. Las mujeres precisan de niveles altos de intimidad entre ellas donde poder confiar todos los secretos y a su vez amigas que se impliquen lo suficiente en sus vidas como para mantenerlas en ellas…y es que también nos sonará eso de…”yo quiero una amiga que le importe de verdad, que esté cuando la necesite y no sólo para divertirme, para eso mejor estoy sola”. Las mujeres apuestan por la intensidad y la permanencia en la red mientras tenga sentido, mientras sirva como sostén emocional donde cuidar y ser cuidada. Los hombres sin embargo tienden a huir de tanta intimidad, de hecho es algo que suelen descubrir en las relaciones afectivas con las mujeres, y es que se cuentan muchas cosas, pero no todas, posiblemente porque ni siquiera lo necesiten (aunque los haya que sí y se resistan por no ser bichos raros, ya se lo contarán a alguna amiga pues…), los hombres están cómodos en compañía, sin más, la implicación emocional se demuestra con la presencia, no hay que hacer muchos más méritos para ser elegido como el mejor amigo que siempre está ahí cuando le necesito (efectivamente, ahí está, con eso es suficiente).

 ¿Del amor al odio?

Del amor al odio

Las mujeres se exigen más entre ellas, permanecer en el puesto de “mejor amiga” puede llegar a ser una tarea estresante y comprometida donde los “errores cometidos” pueden convertirse en un punto de inflexión hacia la decepción. Es tal el nivel de intimidad e implicación, tal la conexión emocional que con la misma intensidad que se llegan a cuidar pueden desvincularse y es que es lo que tienen los excesos emocionales, que ponen en juego relaciones importantes sin que medie la razón ni la mesura. Se dice por ahí que esto lo explica la tendencia al rencor de las mujeres, pues posiblemente no tenga que ver con esto ya que el rencor se encuentra en ambos sexos, quizá tiene más sentido entender que el tipo de vínculos que se crean entre las mujeres es tan profundo como frágil al estar siempre bajo la sospecha de la temida decepción. Cierto es que los hombres tienden a relativizar los problemas y a darse la famosa “palmada en la espalda” en señal de perdón, y sin que tengan que intervenir horas y horas de recapitulación o acusaciones mutuas se “pasa palabra” y se prosigue el camino. Obviamente esto resulta más sencillo cuando el vínculo es fuerte y equilibrado, pero sobre todo cuando el nivel de exigencia es medio o incluso bajo, recuerden, con “estar ahí” es más que suficiente.

 Ahora sí, podemos entonces acercarnos a adivinar que efectivamente la amistad entre mujeres es más compleja, requiere de más recursos y debe cuidarse con especial mimo, eso sí, del mismo modo que dificulta, facilita. Y es que puede convertirse en un colchón emocional de primera categoría que entre hombres nada tiene que ver, están, pero sin entrar en detalles, sin complicarse.

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