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Felicidad, imágenes y frases felices

“Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”

John Locke. Filósofo Inglés (1632-1704)

¿Qué es la felicidad?

La palabra felicidad procede del vocablo felicitas que puede traducirse como “fértil”. Parece entonces que la felicidad es un estado del ser humano donde se produce abundancia, ya sea por su productividad o por su goce. A lo largo de la historia el ser humano ha tratado de ponerse de acuerdo en obtener una definición válida para todos sobre la felicidad. Filósofos, antropólogos, sociólogos, psicólogos, científicos, médicos y grandes pensadores han estudiado los orígenes y causas de la felicidad sin llegar a las mismas conclusiones. Parece entonces que la felicidad es un constructo lleno de subjetividad, una experiencia vital, un estado de ánimo, una sensación que cada individuo descubrirá y perseguirá a lo largo de su vida por diferentes caminos.

“La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

Benjamin Flanklin. Científico estadounidense (1706-1790)

En occidente la felicidad tiende a ser concebida como un estado de ánimo pasajero donde se experimenta satisfacción, alegría, serenidad, confianza e ilusión, que se alcanza por la consecución de unas metas o deseos que han puesto en marcha a la persona para su logro. Quienes lo alcanzan se sienten orgullosos, contentos y complacidos, sin embargo, el efecto del bienestar tras alcanzar las metas tiende a saborearse por un tiempo finito. La cultura occidental promueve con su pragmatismo el establecimiento de objetivos vitales para poder alcanzar la felicidad en cada ciclo vital, así el éxtasis por los logros alcanzados será en general el que se identifique con la ansiada llave de la felicidad.

“La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”.

Thomas Chalmers. Teólogo, escritor escocés (1780-1847)

¿Nos pasamos la vida entonces persiguiendo la felicidad? ¿Es posible encontrarla e instalarse en ella? ¿Si no me siento feliz soy un fracasado? Con la era del bienestar el ser humano

empezó a tener sus necesidades básicas satisfechas y cubiertas, fue entonces cuando comenzó a hacer escalada por la pirámide de Abraham Maslow que formula en su teoría una jerarquía de necesidades humanas y defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas, los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados, siendo el fin último la autorrealización, donde se incluye, entre otros, a la felicidad. El problema de colocar la felicidad en la cúspide es que toda frustración es vivida como un fracaso personal y nace la sensación de no llegar, de no ser suficiente, de no hacer bien las cosas y por tanto encontrarse en el otro extremo de la felicidad, la depresión. La felicidad es subjetiva, relativa y no está ligada a ninguna norma concreta que marque cómo alcanzarla, sin embargo, la sensación de no ser feliz es comúnmente el origen de la tristeza cuando se coloca como una necesidad.

“Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una”.

Voltaire. Filósofo y escritor francés (1694-1778)

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En la última década asistimos en occidente a la exaltación de lo que comenzó siendo la psicología positiva, las redes sociales se inundan cada día de las llamadas “frases positivas” donde la felicidad se explica con recetas y el lector absorbe cada línea para decirse así mismo que es cierto y que es fácil. Uno de los precursores del paradigma positivista, Martin Seligman, se dedicó a estudiar las emociones y actitudes positivas que facilitaban los estados de felicidad. Describe la felicidad como un conjunto de emociones positivas como el éxtasis, la alegría y el optimismo y de actividades donde la concentración y el cumplimiento de las tareas planeadas permiten un estado de flow o fluir. Según Seligman las emociones positivas relativas al pasado incluyen la satisfacción, el orgullo y la serenidad, las relativas al futuro incluyen el optimismo, la esperanza y la confianza y las relativas al presente son los placeres, la consecución de objetivos y el ser capaz de manejar las emociones negativas experimentadas. En este marco la felicidad puede ser entrenada desarrollando las virtudes del carácter para lograr el equilibrio interior, neutralizando el poder de las debilidades. Se trataría por tanto de desarrollar una manera de vivir con actividades creativas y nutritivas para que la felicidad se convierta en una forma de estar y sentir una vida significativa. Las personas autorrealizadas y con una vida plena se sienten más serenas, estables y felices.

“Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”.

Jean Paul Sartre. Filósofo y escritor francés (1905-1980)

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En la filosofía oriental la felicidad de diferencia del carácter emocional y efímero de la alegría, siendo entendida como una cualidad derivada de un estado alcanzado de armonía interna. La felicidad sería entonces una fuente de equilibrio, de tranquilidad sentida a pesar de la experiencia física y emocional, un estado de aceptación profundo de la realidad con sus partes buenas y malas, una conexión con el ser que permite un modo de vivir donde todas las emociones encuentran su sitio sin desplazar al resto. Esta concepción de la felicidad va calando cada día con más tendencia en una parte importante de la población a través de las prácticas meditativas orientales que se han ido adaptando a las necesidades occidentales, donde el amor, la amistad, la esperanza, la espiritualidad y la conciencia son las protagonistas del ansiado camino hacia la felicidad.

“Miles de velas pueden ser encendidas con una sola vela y la vida de la vela no se acortará, la felicidad nunca disminuye cuando la compartimos”

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