El amor en los hombres y la mujeres

Si hay alguien que ha dedicado su carrera profesional al estudio del amor romántico desde el punto de vista científico, esa es Helen Elizabeth Fisher, antropóloga y bióloga estadounidense, experta en la biología del amor y la atracción.

En su libro Why we love: The nature and chemistry of romantic love (Por qué amamos: Naturaleza y química del amor romántico) habla de los sistemas cerebrales que ponemos en marcha para el apareamiento y la reproducción en pareja:

  1. El impulso sexual, la lujuria
  2. El amor romántico o atracción sexual selectiva
  3. El apego, un vínculo profundo de unión con un compañero a largo plazo

Cada uno de estos sistemas cerebrales ha ido evolucionando según Fisher hacia un funcionamiento centrado en una sola persona, la pareja que decidirá criar juntos a los hijos en el formato de familia.

La cuestión es, la forma en que se ponen en marcha estos sistemas, ¿Es la misma en hombres y en mujeres?

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Parece que en ambos géneros el atractivo físico es un factor clave a la hora de seleccionar una pareja, eso sí, en la primera etapa del enamoramiento las regiones cerebrales que se activan son diferentes, según un estudio de la autora los hombres en promedio muestran más actividad en la región dedicada a la integración de estímulos visuales, -Si! El hombre es más visual, se le gana por los ojos antes que por el estómago, ojo, que también- así como en la región cerebral relacionada con la erección del pene, por lo que su entrega parte de la erotización que alcanza en los inicios.

Mientras tanto, las mujeres muestran un aumento de la actividad en zonas cerebrales relacionadas con la evocación de la memoria, según Fisher las féminas necesitan identificar un comportamiento estable a lo largo del tiempo en los hombres indicativo o sugerente de que podrían ayudarle en la crianza de sus hijos, parece que no les basta con mirarles para saber si puede ser buen marido o padre.

Mujeres

Así que de alguna manera parece que el conocimiento nato de los impulsos primarios de cada género nos hace comportarnos con una insistencia en las mujeres de mostrar sensualidad y en los hombres de centrarse en los detalles, esos momentos que toda mujer recuerda como algo significativo, marcando la diferencia.

Una vez clavada la flecha del amor intenso del enamoramiento, del desenfreno, aparece la obsesión por el otro, como menciona la autora de una forma muy visual, “el otro acampa en tu cabeza”, se ignoran los aspectos que generan malestar y se crea una visión en túnel donde sólo puede verse la adoración por la pareja, haciendo hueco a la euforia, la dependencia emocional, la ansiedad de separación, la posesión y el ansia de estar conectados.

En este sentido parece que muchos autores coinciden en que los hombres tienden a ser más rápidos en quedar atrapados por el frenesí de los primeros momentos, mientras las mujeres, a pesar de sentir de forma muy similar, tienden a poner más cabeza y sopesar, dudar, comparar y esperar hasta lanzarse al vacío con ellos.

No obstante será el amor romántico mucho más potente a la hora de consolidar una pareja que el impulso sexual, de hecho, las grandes crisis personales vienen tras una ruptura desde el enamoramiento y no tras un rechazo de tipo sexual.

Parece entonces que los hombres se enamoran más rápido que las mujeres porque son más visuales, le prestan más atención al aspecto físico. En este sentido destaca el índice cintura-cadera, una proporción que no cambia en función de las culturas y que está asimilado consciente o inconscientemente con el estado de salud de la mujer y su capacidad reproductiva.

Sí, un factor físico a tener en cuenta por los hombres en la elección de la pareja, mientras que las mujeres darán menos importancia a los aspectos visuales, prevaleciendo las observaciones sobre el sostén a todos los niveles que las parejas puedan proveerles.

El amor romántico está al servicio de preservar la especie y la tendencia parece clara: ellos se concentran en lo físico y ellas en la personalidad.

Sin lugar a dudas los hombres son más instintivos e impulsivos, de hecho en la mayoría de los casos son los primeros que alzan su voz con un “te amo”, mientras las mujeres son más emocionales, precavidas e intelectualizan el amor, piensan sobre él, reflexionan, debaten, los hombres usan menos palabras, menos significados, lo que prima es la atracción inicial para dar paso al enamoramiento posteriormente, digamos que es mucho más difícil para el hombre sentir amor sin antes sentir atracción, su impulsividad manda, cosa que en las mujeres puede ocurrir a la inversa, comenzando por parecerles adecuado para después empezar a sentir atracción.

En el amor romántico la mujer necesita seguridad, tranquilidad con que su pareja tiene claras las ideas, como suele decirse, la cabeza bien puesta sobre los hombros, asegurándose que pueden seguirles la marcha, mientras los hombres valoran en la pareja el sentirse a gusto, relajados, poder divertirse sin tener que analizarlo todo, en definitiva llevarse bien, acoplarse, sin grandes complicaciones y sentir que cuentan con una pareja en el que apoyarse y compartir emociones e intimidades en el largo plazo.

Los hombres se enamoran por los ojos y las mujeres por el oído

Según afirma el conocido psiquiatra Enrique Rojas, “En occidente el hombre se enamora por la vista y la mujer por el oído”. Según su opinión, las mujeres saben mucho más de emociones y de sentimientos y el hombre se comporta de un modo primario en las relaciones.

“La mujer sabe lo que es enamorarse y buscar la belleza interior, mientras que el hombre se queda a menudo en la exterior”, asegura. No obstante, la calidad del amor romántico no varía entre sexos por el mero hecho de haberse iniciado por caminos diferentes, la capacidad de amar de ambos depende más de la historia personal de cada uno y se alimenta con el proyecto de vida en común que comparten.

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