Sobre las abuelas

Sin lugar a dudas aquello deparece que no tengas abuela toma el sentido literal cuando hacemos alabanzas sobre nosotros mismos sin tener en cuenta que podemos estar siendo ciertamente altivos frente a los demás y es que, nadie mejor que una abuela para destacar todas las bondades, realistas o imaginadas, del amado nieto. Las abuelas bien avenidas normalmente miran a los nietos con deleite, gozan con su sola presencia, tienden a admirarles desde una óptica distorsionada tamizada por el amor incondicional que sienten.

Los nietos llegan después de años de crianza, educación, preocupaciones, horas y horas dedicadas al cuidado de sus propios hijos y con una importante carga de estrés que posiblemente limitó en su momento la capacidad para disfrutar sin más de sus vástagos. Las abuelas fueron madres, esposas y muchas de ellas incansables trabajadoras que lo ponían todo para sacar adelante a sus familias, sin apenas quedarles tiempo ni energía para sí mismas ni para su vida emocional. Son entonces los nietos los que llegan en un nuevo momento vital, más sereno, más calmado, menos enérgico e ilusionante pero más en consonancia con la tranquilidad, justo en el camino de bajada de la montaña de la vida, donde los problemas, las necesidades y las expectativas han cambiado por completo.

Y cuando todo estaba hecho, cuando se podía sentar a mirar simplemente pasar la vida, habiendo hecho lo mejor posible su papel en la familia, es entonces cuando arrancar de nuevo los motores para abrazar de nuevo la llegada de la vida, esta vez de la mano de los hijos, abriendo de nuevo aquellas ya remotas sensaciones de oler, acariciar, sentir o mirar a un ser vivo indefenso, tierno y lleno de vida.

¿En qué cambia el amor que se siente por los nietos al que se sentía por los hijos?

En sí los vínculos que se establecen son muy parecidos, esto dependerá del tiempo de crianza que se comparta, de la relación con los padres o de la accesibilidad a ellos. El caso es que en realidad como a los hijos es difícil querer a nadie, sin embargo, algo cambia, ahora no pesa tanto la responsabilidad, ni los sentimientos de culpa, ni las preocupaciones a largo plazo, no cae como un plomo el miedo a equivocarse y torcer la vida de los hijos, simplemente es una ofrenda que los abuelos reciben de sus nietos para contemplarla, disfrutarla, amarla y mirarla con un placer tan inmenso como resulta cuando no depende de ti su bienestar pleno.

La abuela ve en sus nietos a sus hijos, a su marido, a sus anteriores, su propia vida corre por sus venas, así en los nietos se coloca la sensación de un nuevo emerger de la ilusión, un tiempo nuevo cargado de tiempo para dedicarles, comienza una nueva etapa de la vida en que se espera poder recibir más que dar, como el espectador que se sienta en el patio de butacas entusiasmado con que comience el espectáculo, aun a sabiendas de que es portadora de la sabiduría vital que aun sus padres no tienen y que podrá regalar con disimulo en la relación de complicidad que irá tejiéndose con cada nieto.

La mirada, la sonrisa, las caricias que regala, sus palabras, su paciencia, su asombro con casi todo lo nuevo que le hacen descubrir los nietos, la manera de recibirles con pasión, hacen que las abuelas sean geniales. No todas, claro está, siempre hubo excepciones. Sin embargo, la gran mayoría son depositarias del amor a la nueva vida y lo entregan con la generosidad que hace especial el amor de una abuela por sus nietos.

Las abuelas grandes conocedoras de la vida

Los consejos de las abuelas pueden llegar a adquirir valor histórico, sus relatos parecen sacados de los libros de historia y su forma de afrontar los problemas cuando escuchan a los más jóvenes enfrentándose a la vida, destaca por su sosiego, nada parece extremadamente grave cuando tu abuela te sonríe con una calma infinita y te dice aquello de “después de la tormenta llega la calma”.

La abuela magnifica en los nietos cualquier cualidad que vea o quiera ver, de pronto la simpatía, la inteligencia, la belleza o la valentía hacen de sus nietos sus tesoros más preciados. Pero ojo, sus hijos son sus hijos ante todo, ese vínculo es muy difícil de superar con segundas generaciones, eso sí, los nietos son un regalo que la vida le ofrece a través de los hijos, por eso pueden admirarlos como lo que son, un regalo muy especial.

Las abuelas, a no ser que tengan que ejercer de sustitutas de los padres, pueden dedicar más tiempo a jugar, a contar historietas, a cantar, a escuchar, a acompañar, a explicar, a acariciar, tienden a dedicar mucha energía en hablar y preguntar por sus nietos, se convierten en una parte muy especial de su vida, tanto, que para los nietos también se convierten en imprescindibles. A las abuelas siempre les parece interesante o gracioso lo que sus nietos dicen o hacen, su papel es el de amar incondicionalmente, educando, sí, pero sin ser punitivas, “que para eso ya están tus padres”. Las abuelas también son un regalo que la vida nos entrega al nacer, vivirlas, escucharlas y cuidarlas será la mejor forma de devolverle a la vida lo que nos dio.

 

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