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La opiniones cinematográficas desde vuestra óptica
CINE

AMELIE
Jean Pierre Jeunet



POR
AURORA GRACIÀ TORTOSA* 

Un hada del París bohemio del nuevo milenio nos descubre que hay otra manera de ver la vida. El cine experimental vuelve a ser la estrella.

Los cuentos son recetas que nos ayudan a saborear la vida de otra manera, pero necesitan de un ingrediente esencial, nuestra imaginación. Es difícil encontrar una receta que nos deje tan buen sabor de boca como lo hace Amelie, la última película de un polifacético director francés que ya nos deslumbró con Delicatessen, Jean-Pierre Jeunet.
Con Amelie entramos al cine sin saber, ni creer y salimos decididos a cambiar el mundo o al menos a cambiar un poco el nuestro, dejar el ego en casa y pensar en los demás. Esta niña veinte añera se asoma un mundo decorado con buenas intenciones y donde la realidad es sólo la que cada uno se imagina, con muchos colores, peces sentimentalistas y nomos viajeros.

Es una película romántica, impresionista y surrealista. Romántica por resaltar la sensibilidad y los sentimientos sin llegar a ser empalagosa, impresionista por esa estética y fotografía llena de colores y optimismo, y surrealista por mostrarnos el mundo de los sueños. ¿Qué más hace falta para sentirse mejor? Pues sin duda que los cuentos se pudieran hacer realidad y todos nos sintiéramos por una vez en la vida como nuestra protagonista.

Amelie nació como un experimento más de Jeunet, que juega con sus personajes y sus vidas como un niño con sus juguetes. Era una película al más puro estilo francés, colorista, extrovertida e independiente. Lo que nunca imaginó su creador es que la acogida en las salas comerciales fuera tan multitudinaria como lo ha sido. Todo el mundo ha visto o quiere ver Amelie, hasta yo me aventuré a recomendarla sin ni siquiera haberla visto, práctica que no recomiendo y que sin duda nunca volverá hacer, aunque en esta ocasión me haya salido bien. El problema que se ha encontrado Jeunet es que su obra intimista se ha convertido en un boom taquillero; o tal vez no sea un problema, sino una grata sorpresa que le proporcionará reconocimiento y mucho dinero.

Hace pocas semanas la película francesa fue reconocida con los premios europeo de cine, llevándose la mayor parte de premios y aplausos, y dejando con mal sabor a un español con demasiados fantasmas made in USA. Ahora, Amelie, también será la más firme candidata al Óscar de los "extranjeros", otra cita ineludible con el mercado de las estrellas. Es angustioso, aunque demasiado frecuente, comprobar como lo pequeño al convertirse en grande deja de ser lo que era, igual que pasa con los niños cuando pierden la inocencia. Amelie posiblemente tenga que sufrir también esta transformación y pierda su esencia.

Sin duda, esta película que era, en mi opinión, algo más parecido a una pequeña obra de arte, se está convirtiendo en otro producto más de la industria del cine, un negocio rentable que al mismo tiempo hace que esté perdiendo esa aura mágica de W.Benjamín, que sólo posee la obra y no el producto.

* Aurora Gracià Tortosa es estudiante de 3º de Publicidad en la Universidad de Alicante.

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