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CINE


LA SOGA DE EL VERDUGO. Contextualización.
Dir.:Luis G. García Berlanga



POR
ELENA VALDÉS PASTOR*  


Suscitó la polémica y fue sometida a la censura por hablar, a través de la pena de muerte y una clara opinión sobre esta, de la pérdida de libertad y de sueños en la España de Franco. Diana de suspicacias y sin embargo Premio de la Crítica Internacional (FIPRESCI). Y es que Berlanga transmite el vacío de una sociedad castrada, excesivamente pragmática. Una sociedad cuyos dirigentes acogieron la película calificándola de "libelo y panfleto político, crítica caricaturesca de la vida española".

La pena de muerte - aún vigente en decenas de países - es el agudo pretexto de Berlanga para hablarnos de cómo vamos perdiendo la libertad y los sueños en una sociedad cuyo pragmatismo se ha impuesto con tal fuerza que llega a ser tan ineludible como lo es el instinto de supervivencia. A través de la figura de El Verdugo, nos hace patente la fragilidad del ser humano y las circunstancias que le harán abdicar, llevándole a realizar acciones de las que se creía incapaz.

El estreno de El Verdugo - 1963 - (se incluye dentro de la etapa cinematográfica regida por García Escudero, artífice de la ansiada y ambigua "apertura" del cine español), fue sólo unos meses posterior a la ejecución mediante el patrio garrote vil del comunista Julián Grimau (en abril) y de los anarquistas Francisco Granados Gata y Joaquín Delgado Martínez (en agosto). Esta circunstancia convirtió a El Verdugo en blanco de suspicacias políticas. Así, como recogen Gubern y Font, la presentación de la película en el Festival de Venecia (fue invitada personalmente por el director del certamen, Luigi Chiarini, para que acompañase al film Nunca pasa nada de J.A. Bardem, elegido por la Dirección General de Cinematografía). En Venecia obtuvo el Premio de la Crítica Internacional (FIPRESCI), e irritó los ánimos del por entonces embajador de España en Roma, Alfredo Sánchez Bella. El mismo Sánchez Bella redactó una carta dirigida al Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Castiella. En ella condenaba el film, sin hacer ningún tipo de concesión y, tras la proyección a la que asistió junto con el realizador del film, señala:

"- Me parece, simplemente, uno de los más impresionantes libelos que jamás se han hecho contra España; un panfleto político increíble, no contra el régimen sino contra toda una sociedad. Pretende ser de humor sólo en los títulos. El resto no pasa de ser una inacabable crítica caricaturesca de la vida española".

Y, más abajo:"- Estamos ante una maniobra planeada en toda regla, con arreglo a los cánones revolucionarios más auténticos. La película está dentro de lo que los comunistas llaman, en su jerga dogmática convencional, "realismo socialista". El guión contiene todos los requisitos de la propaganda comunista en relación con España a través de una versión muy española, que quiere decir casi anarquista".

El escritor Francisco Umbral escribió alguna vez que en El Verdugo, "Berlanga se vestía de indiferencia y pereza para meterle a la censura cuchillos que llegaban al corazón de la dictadura". Esta capacidad para tomar géneros menores y hacerlos grandes enfureció al Generalísimo, que llegó a proferir un rústico insulto que hoy puede leerse como un sofisticado elogio: "Berlanga no es un comunista; es algo peor, es un mal español".

No obstante la polémica, el guión de El Verdugo ya se había sometido a censura previa, y superó el trámite no sin verse sometido a buen número de "recomendaciones." El guión fue presentado a la Comisión Delegada para la Censura de Guiones Cinematográficos por el productor Nazario Belmar, delegado de la productora española Naga Films, y se adjuntaban el resto de papeles y contratos destinados a obtener los beneficios de la coproducción con Italia que aportaba el treinta por ciento del presupuesto final. El expediente se aprobó el 17 de junio de 1963, y las recomendaciones pasaban por "suprimir la presencia de cuatro damas en la ejecución", "cuidar la escena pasional entre José Luis y Carmen", "cuidar el reparto de billetes a cargo del sacristán, y suspensión del organista comiéndose los recortes de la forma y que figure el Párroco actuando en la ceremonia del matrimonio", "suprimir la frase: ¡Dos niños al año vamos a tener con este invento!", "suprimir la alusión de Carmen a quitarse la bata", etc.

La mutilación que sufrió la película ascendió a 4,31 minutos, contabilizando un total de catorce cortes, según declara explícitamente García Escudero. Rafael Azcona, que trabajó como guionista junto a Berlanga, con el que forma uno de los dúos más prolíficos del cine español, afirma en una entrevista que lo que posibilitó que el guión superase el trámite de la censura fue el hecho de que "lo que escribíamos eran sainetes. La censura se enfrentaba a un género menor, sin doctrina. No le daban importancia. En cualquier caso, me resisto a creer que la censura agudiza el ingenio. Es como decir que la anemia beneficia al cuerpo. La censura es como el hambre: te reduce a la nada".

Tras este film y hasta 1967, año en que se estrena La boutique, el realizador valenciano pasa unos años de vacío sintomático en lo que a producción cinematográfica se refiere. Son cuatro años "de castigo", en los que la censura se encarga de que no fructifique ningún proyecto del director de El Verdugo. Pese al Premio de la Crítica conseguido en el Festival de Venecia, la oposición de Sánchez Bella fue decisiva para arrojar sobre Berlanga sospechas de panfletario "no contra el régimen - como escribiera el embajador-, sino contra toda una sociedad" [...] "Nada se salva, nadie se libra de su implacable crítica: los sacerdotes, los funcionarios, los intelectuales, los marqueses, las mujeres, los hombres,... no existe en toda la película un tipo sano, limpio, idealista, todo está podrido en esa sociedad a la que usted ha aplicado el más frío escalpelo. Allá usted con sus juicios, pero mire y piense en las consecuencias de su conducta. No puedo creer en la buena fe".

El Verdugo no fue clasificada hasta febrero de 1964 y fue estrenada el 17 de febrero en Madrid (Cines Pompeya, Palace, Gayarre, Voz y Rosales). Hoy, El Verdugo es considerada, junto a Plácido, la mejor película de Berlanga, y una de las mejores películas del cine español.

* Elena Valdés Pastor es estudiante de 3º de Publicidad en la Universidad de Alicante.

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