¿Son
realmente inocentes los discursos dedicados al público infantil?
¿En qué valores educan (o maleducan)los contenidos de las
películas que consumen nuestros niños? En este artículo
se dan unas pistas de análisis para comprobar qué trasfondo
ideológico se esconde tras unos guiones aparentemente asépticos
y políticamente correctos.
Walt
Disney es uno de los personajes más populares que ha dado
el mundo del espectáculo en el pasado siglo XX. Coincidiendo
con el centenario de su nacimiento han salido a la luz una
serie de datos que contrastan con la tradicional cara amable
que se suele asociar al creador de Mickey Mouse, Donald
Duck etc...
Su
retrato como delator de sus compañeros de profesión y colaboradores
en la caza de brujas del senador McArthy en la posguerra
mundial y preguerra fría, y su posicionamiento como empresario
despiadado, dan que pensar a la hora de hacer un análisis
acerca de sus producciones, tanto antes como después de
su muerte.
Si
nos fijamos bien, las películas de la factoría Disney, sobre
todo a la hora de la animación, llevan un mensaje implícito
bastante conservador y reaccionario. Para demostrar que
ésto es así, me centraré en el análisis del guión y del
planteamiento de una de las últimas producciones Disney
de animación, quizá la que más éxito ha tenido en las últimas
décadas: El Rey León.
Además
de unas dosis de violencia en ocasiones más patente que
en la castigada animación japonesa, se encuentra en esta
cinta un rosario de mensajes destinados a influir en el
espectador con el propósito de que, entre otras cosas, se
sienta contento con el modelo de gobierno norteamericano:
paternalista y fuertemente elitista.
Recordemos
el guión. En El Rey León, se pueden destacar cuatro momentos
importantes:
El
paraíso en la tierra, o el antiguo régimen: Una clase
social dirigente, representada por la casta inamovible -al
estilo de la sociedad hindú-, en la que es el nacimiento
el que determina quién está permitido que entre en esa oligarquía
ociosa y paternalista. Recordemos que, al humanizar a todos
los animales de la selva, y ser sólo los leones los que
están en posesión del poder en virtud a su origen genético,
se echa por tierra solapadamente la igualdad inherente que
tienen todos los seres humanos -al menos en teoría- desde
la declaración de los derechos humanos. En este "paraíso
terrenal", la apatía política del grueso de la población
es un hecho generalizado. Esta situación es explicada de
tal modo que vemos que es gracias al sabio gobierno de la
casta dirigente el que no hayan conflictos sociales. El
único que participa en las decisiones es el representante
eclesial, un simio de características chamánicas, que representa
la nula separación de poderes en un estado de esas características
(que por lo que vamos viendo se parece mucho a una monarquía
absoluta o a un gobierno totalitario).
La
traición, o la revolución: La muerte del rey es explicada
desde la óptica del que ha ganado una guerra: la oposición
al régimen es tomada como una oposición violenta, sin ningún
tipo de habilidad política y que además utiliza técnicas
despreciables para llegar al poder. Recordemos que la historia
la escriben los vencedores (como en los libros de historia
contemporánea de la posguerra española) y, tratándose de
un discurso altamente ideológico debemos hacer un análisis
crítico y desconfiado de la versión oficial de los hechos.
Otro aspecto destacado es en quién encuentra los apoyos
esa oposición para lograr formar un gobierno: las hienas.
Las hienas como símbolo del que llega de fuera, del inmigrante
que es excluido de la sociedad y que en el momento en que
se incorpora es tratado como la representación del mal en
la tierra, el causante de toda la desmembración de la estabilidad
social, el que trae la depauperación del resto de ciudadanos
de la selva, causante incluso de terribles inclemencias
climáticas... Con este tipo de representación, las hienas
son presentadas como "las malas" y como "las tontas", en
un alegato claramente racista. También es curioso comprobar
que, a pesar de que lo normal en un régimen absolutista
dado un caso como el de la muerte del rey en la estampida
sería que la mujer la que debería ostentar el poder bien
en forma de regente o bien en forma plena, por una implícita
Ley Sálica, la mujer -que ya ocupaba un lugar secundario
en la sociedad - es rápidamente borrada de la sucesión y
recluida en en ámbito doméstico. Incluso con un cambio de
gobierno y de régimen no se le da ni siquiera opción a ser
protagonista.
El
retorno del Rey, o el golpe de estado: Guiado por el
representante religioso del antiguo régimen que, al devenir
un estado laico se ha visto fuera de la esfera de poder
y quiere volver a él, Simba se da cuenta de que tiene un
derecho divino, conferido por nacimiento, sobre el trono.
La experiencia mística con su padre/ rey / dios es bastante
significativa. Decide, ayudado por sus sirvientes, por la
antigua nobleza y por la autoridad religiosa, dar un golpe
de estado. Este se produce de un modo extremo en lo que
a violencia se refiere. La muerte del "usurpador" es de
las más crueles que recuerdo haber visto en animación (quizá
igualada o superada por la muerte del rey padre, a los pies
de la estampida, que para una óptica infantil es demencial
y terriblemente desagradable). Esta muerte, basada en el
fuego, es significativa en tanto miramos la narración como
una obra política: el fuego es la muerte que le esperaba
a aquellos que iban en contra de lo más sagrado en la edad
media y en la edad moderna. La máxima autoridad de Dios
Padre es aquí traspasada al modelo de estado clasista, personalista
y paternalista, y el tío de Simba, como renovador, yendo
en contra, debe morir de esa forma.
La
perpetuación del régimen: La imagen tierna de la película
la encontramos al final de la misma. El nuevo renacer de
la selva, que vuelve a convertirse en el paraíso terrenal
que era gracias al retorno al redil, al retorno al antiguo
sistema de gobierno. Pero sobre todas las cosas destaca,
en una imagen épica, la figura del ya coronado Simba levantando
en brazos a su cría, anunciando que el régimen se mantendrá
en el tiempo, ya que su hijo será educado en los mismos
valores clasistas, oligárquicos, racistas y reaccionarios
en los que él mismo fue educado.
*
Jaime Albero Gabriel es estudiante de 3º de Publicidad
y Relaciones Públicas en la Universidad de Alicante.
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