"Generalizar
es humano", sería una buena frase(cita) para
empezar. El tiempo y el espacio nos libran en muchos casos
de la carga del error. Por lo general lo habitual es no
saber lo que pasará mañana. Pero son muchas
las pistas que nos damos diariamente. Si yo ahora tecleo
sin pensar "mañana iré a la Universidad",
tengo muchas probabilidades de no equivocarme. El pasado
y el presente llevan siempre, inevitablemente, al futuro.
En
la sociedad actual se están produciendo una serie
de tics que van en aumento y cada vez son más indisimulables.
La precariedad laboral, a todos los niveles, es monstruosamente
indisimulable. Afortunadamente la información sigue
siendo un derecho de todos (por el momento) y esto es perceptible.
Últimamente no pasa un solo día sin que una
noticia del tipo "Banco X despide a 3.000 empleados
por no alcanzar el incremento del 30% en sus beneficios
que tenía previsto para el primer trimestre del año..."
(las palabras eran otras, el Banco X eran varias empresas,
los 3.000 empleados eran más o menos y el porcentaje
de beneficios mayor o menor). Lo curioso es que este tipo
de informaciones ocupan segundos o una esquina ínfima
de un diario. Ya lo dice Torres López, el reparto
de la tarta se da antes de prepararla. ¿Por qué
lo normal es que una pareja hipoteque toda su vida
para comprar su pisito? Actualmente no debemos la
vida a nuestros padres, sino a nuestros bancos. Debería
ser necesario al menos medio quilo de soma para asumir
todo esto. Todo va agarrado de la mano: Precariedad laboral
y Poder-hipotecar-mi-vida o Pagar-por-plazos, son amigos
indisolubles.
El
sistema, dicen, tiende a la entropía. Pero el capitalismo
tiene unos efectivísimos métodos de control.
"Divide y vencerás", repiten los estrategas
militares. La tendencia hacia el individualismo es cada
vez mayor. Uno es uno mismo por lo que compra (por
plazos), sea grande o pequeño -es curioso como lo
que está de moda cabe en la palma de la mano. Incluso
la limosna ejemplifica este hecho: a nivel macro, Bill Gates
dona mil millones de dólares porque tiene más
de 10 mil veces la misma cantidad; a nivel micro, yo doy
veinte duros porque ya me he comprado el último de
Radiohead y es lo que me sobra. En Un mundo feliz
es prácticamente imposible que un individuo se quede
solo. Y curiosamente las relaciones sociales en este entorno
son tremendamente superficiales. La conciencia de uno mismo
es un error. Esto hace menos probable la manifestación
de opiniones divergentes. La toma de decisiones es cuestión
de unos pocos. Pero su imagen no se me antoja tan romántica
como Mustafá Mond, que piensa en el consenso social.
La
vestimenta determina la clase (o a la inversa). En nuestra
sociedad el ejército de camisas azules
es cada vez mayor. La terciarización de la economía
progresa a pasos agigantados. Llegará el día
en que la gente no sepa hacer nada con las manos. Intuyo
que el poco trabajo físico irá destinado a
los inmigrantes. Los trabajos manuales (valga la redundancia)
serán artesanía pura, simples curiosidades.
Esto desde mi punto de vista debería suponer un nivel
de instrucción mayor en primer momento. Pero hemos
de considerar que no todos los trabajos no manuales son
intelectuales, son tan mecánicos como trabajar en
una fábrica. En Un mundo feliz, los Alfa-menos
(clase alta no dirigente) tienen oficios de este tipo. Son
peones sociales que tienen una determinada capacidad mental
para desarrollar ese tipo de tareas, que a su vez son necesarias
para poder consumir. Es el fordismo en estado puro.
Actualmente este modelo empieza a dejar de tener validez,
porque los movimientos de derechas dejan de lado los mecanismos
del Estado de bienestar. En USA no existe sanidad pública,
por ejemplo. Pienso que este modelo político -que
por otra parte responde a las presiones del mercado, no
a las de los gobernados- propiciará un alto grado
de tirantez e inestabilidad que hará necesario reconducirse
un poco hacia la izquierda (todos los países occidentales
son de derechas). Las condiciones actuales me resultan impensables
dentro de 20 años: hoy en día los que soportan
unas peores condiciones laborales son los jóvenes,
por el alto grado de competitividad y la escasez de trabajo
digno que dificulta (si no es de esta manera) su entrada
al mercado laboral. Pero esta generación no puede
vivir siempre bajo condiciones de trabajo temporal... sin
rebelarse. La diferenciación social por posesión,
dentro de la cada vez más estratificada y difusa
clase media, necesita de cierta seguridad económica.
Ni siquiera estoy refiriéndome a la pirámide
de Maslow: en esta sociedad la gente vive, no piensa en
la autorrealización (ese algo más que
buscan los protagonistas de Un mundo feliz). Es uno
de los fundamentos del sistema: la alienación.
El
darwinismo social impone ritmos rápidos de
vida. La vejez no es un período, es un estado de
la materia. En el libro en que nos basamos para (intentar)
hacer esta reflexión, eso tiene una solución
un tanto drástica, aunque ciertamente lógica.
A los 60 años ya no se es productivo, por lo que
no se puede consumir. No hay así problema con las
pensiones, ni ningún tipo de gasto adicional con
nuestros mayores. La muerte es beneficiosa hasta
la última mota: las cenizas se utilizan como abono.
En nuestra realidad el envejecimiento de la población
occidental es uno de los mayores problemas. Según
afirman los expertos, el target publicitario del
futuro es este segmento de la población, que teóricamente
será quien más tiempo libre tenga y más
poder adquisitivo. Resulta paradójico pensar que
el público del futuro es el que está más
cerca de la muerte. Considero que los que tengan ese poder
adquisitivo al que antes aludía serán una
minoría y que el resto de ancianos, si no se ha prevenido
con un buen plan de pensiones, vivirán, más
bien, precariamente y más años. No creo que
por ello consuman más. No todo son finlandeses en
Benidorm.
Probablemente
en los próximos años se puedan dar los niños
a la carta. La genética será uno de los campos
que más avance y más inversiones monetarias
tenga alrededor. No sé cuanto tardará la Iglesia
en mirar a otro lado respecto a este tema -es lo que hace
siempre esta gran multinacional, adaptarse
o morir, lo saben mejor que los directivos de McDonald's-
pero la clase alta, será más alta, más
guapa, más inteligente, tendrá más
dinero...
Un
mundo feliz es el paraíso del consumo y, por
ello, del orden social. Un mundo feliz es el mundo
de la publicidad hecho novela. La fun morality que
construye los anuncios: todos prácticamente iguales,
inconscientes hasta la felicidad, recomendando productos
a diestro y siniestro, repitiendo slogans, consumiendo
para todo, siendo segmentos de mercado y asumiéndolo
como tal, aceptando a todos los públicos ("los
neutros", ése sí que es el target del
futuro) siempre que puedan consumir y hagan su función.
Pero en este Brand World no cabería ni el Día
del Padre ni el Día de la Madre ni las Navidades...
El esquema publicitario de los próximos siglos será
mucho más personalizado, no llegará en absoluto
al extremo del condicionamiento -que sería lo perfecto...-,
pero sí se me antoja como un elemento mucho más
cercano al día a día de cada individuo. La
investigación en el campo publicitario se sofisticará
conforme se vayan conociendo mejor los mecanismos cognitivos
del ser humano (más allá de la referencia
de la percepción de colores y las líneas curvas
en la audiencia). Considero que la publicidad no será
percibida como un estorbo, el patrocinio y cosas similares
ayudarán a este cometido. Los canales temáticos,
internet portátil, los teléfonos móviles
-cuyos tonos parecen ser nuestras "melodías
himnopédicas"- serán caminos por los
que la publicidad llegará a la segmentación
a la que aludía antes. A nadie escapa que a la publicidad
en internet le quedan muchos cambios por delante (cuando
la banda ancha permita trabajar con más datos a mayor
velocidad, será tremendamente habitual la publicidad
interactiva, en 3-D, las tiendas virtuales), así
como a los móviles (internet y telefonía tienen
un futuro claramente unido) que ya empiezan a demostrar
posibilidades interesantes con el envío de grupos
de noticias, mensajes personalizados y no serán extrañas
en el futuro las tarjetas de teléfono patrocinadas
-el patrocinio me parece un camino a seguir para la mejora
de la imagen de las empresas.
A
nivel macromundial en las décadas siguientes la ruptura
de las fronteras europeas debería ser un frente fuerte
ante los incipientes tigres orientales y los USA. Es un
caldo de cultivo interesante para comprobar como a estas
alturas de sistema (durante el siglo XXI) la economía
une a países que se odian. Veremos si dentro de la
macroEuropa los estados pequeños con sus respectivas
culturas son absorbidos por Francia, el Reino Unido y Alemania.
Asia continuará su ascensión, pero creo que
para que un país se erija como líder mundial,
tal como lo ha venido haciendo indiscutiblemente Estados
Unidos en el último siglo, ha de tener una cultura
fuertemente occidentalizada. Con esto quiero decir que si
China llegase a ser el país elegido no sólo
habría de tener una economía fuerte y un aparato
militar como el que tiene sino una cultura de la órbita
occidental, es decir, renunciar a su lengua y tradiciones,
es decir, hablar inglés. El chino (los cientos de
variedades de chino) no es una lengua románica, ni
sajona. Pero he de reconocer que cosas más complicadas
se han visto. Y por desgracia, recordaré que Estados
Unidos debe su posición actual en gran medida a las
guerras mundiales. Sin conflicto no suelen haber cambios.
Considero
que a muy largo plazo todas las regiones del mundo tendrán
cierta capacidad de consumo. Sí, parece impensable:
creo que África saldrá algún día
del pozo. Siguiendo los pasos del fordismo de Un mundo feliz
-aunque siendo consciente también de las palabras
de Sun Tzu respecto a los condicionantes del terreno y el
clima- África en algún momento tendrá
que pasar de despensa mundial a economía. Las cifras
no avalan mi opinión (el crecimiento del PIB es negativo
en muchas de sus naciones) pero en algún momento
el mercado mundial sufrirá una de sus frecuentes
saturaciones y las fábricas, cada vez más,
transnacionales están ubicadas en regiones subdesarrolladas.
En algún momento, se pensará en estos
empleados como consumidores potenciales del producto. Si
no sucede esto, en algún momento África tocaría
fondo absoluto por lo que las multinacionales se quedarían
sin su mano de obra barata y sin sus materias primas. ...y
todo África se convertiría en una Guerra Civil.
Pero he de reconocer que cosas más complicadas
se han visto.
Recapitulando:
La élite mundial seguirá siendo la que acumule
el mayor porcentaje de capital.
Ante esto los gobiernos, tras una etapa larga de política
ultraconservadora habrá de reactivar mecanismos ayuda
social y redistribución de la riqueza.
Porque la plusvalía proviene de la informatización
y mecanización del trabajo.
Cosa que provoca una terciarización absoluta del
mercado laboral.
Pero la plusvalía también proviene de unas
malas condiciones de contratación (trabajo temporal,
trabajo a tiempo parcial, subcontratación, salarios
congelados...).
En algún momento eso no podrá seguir así
-por mucho Gran Hermano y similares que nos ofrezcan.
La terciarización del trabajo habría de suponer
un mayor nivel de instrucción a todos los niveles.
El mundo de las comunicaciones sufrirá una evolución
constante. Si por el camino se queda la gran masa, la tensión
social irá en aumento -la sociedad está tranquila
porque teclea PC's, ve la televisión y escucha la
radio; si no puede hacer nada de eso en condiciones y además
cobra poco y cada vez le cuesta más endeudarse, la
sociedad ya no estará tranquila y cobrará
conciencia de masa.
La publicidad, por supuesto, será uno de los mecanismos
de mercado indispensable. Se nutrirá de profesionales
formados que habrán de adaptarse a las nuevas necesidades
(formato, mayor segmentación). La publicidad intentará
ser una ciencia.
* Santiago Serrano es estudiante
de 3º de Publicidad en la Universidad de Alicante.
¿Te
ha gustado?
Quiero
Opinar
/ Participar