A
través de un análisis de estrategias militares en un mundo
feudal, el mundo de la empresa y sus recursos se ve reflejado
bajo un tinte guerrero. Y no por violencia, si no por sutileza
y estrategia. ¿No hay realmente una batalla librada en el
mercado por ganar cuotas de imagen, clientes o ser líderes
en ventas?. Este libro constituye algo mas que una guía
de supervivencia. Es un planteamiento diferente, perfectamente
lógico y ordenado, de una de las guerras no bélicas de nuestro
siglo: el éxito empresarial.
"En
vez de hablar de la guerra pasada, hablemos de la guerra
que viene, porque a veces es más útil estar preparado para
lo que puede venir que simplemente reaccionar ante lo que
ocurre". Así se refiere Noam Chomsky a la lucha en, y por,
los medios de comunicación. La publicidad se asemeja a una
acción militar cuyo ejército es una empresa capitaneada
por un director que organiza las maniobras a corto o largo
plazo, dependiendo del peligro con el que amenace el enemigo.
Competir en el mercado es librar una batalla. Pascale Weil,
en su libro La comunicación global, dice en una de sus primeras
frases: "Transmitir es combatir". La empresa transmite por
medio de la publicidad: la publicidad es su arma de combate.
Se trata de ganar cuotas de imagen, de que la empresa parezca
algo que el consumidor admira, que sea un cuerpo cercano
al pueblo, comprometido. Lo deseable es que lo sea pero
realmente es necesario que lo parezca. Las empresas, que
buscan estar en el olimpo del poder, se las ingenian para
que tanto la competencia como los consumidores crean que
lo que creen es lo que es, aunque en realidad no sea así.
¿Enrevesado?. Realista.
La
publicidad ha sido y sigue siendo criticada en muchos medios
y por personas muy diferentes, relacionadas frecuentemente
con la comunicación. Esta crítica, precisamente, se desencadena
a partir de la efectividad de los objetivos que la publicidad
se propone. Su estudio y planificación suelen hacerla si
no infalible, cuanto menos altamente efectiva. Por ello
podemos identificarla como una planificación de guerra.
Es la guerra por ganar clientes, la planificación de lo
más apetecible y el despiste del resto de pretendientes
dispuestos a seducir al posible mercado. Es organizar la
batalla de un cortejo.
Si
bien eso es evidente en la publicidad comercial, ¿que hay
de la institucional?, ¿que hacen las empresas para que las
añadamos a nuestra short list ?. Si las empresas son entes
imaginarios, para nosotros, que nunca vemos, ni podemos
comprar o consumir directamente, ¿porqué nos decantamos
por una y no por otras?, ¿es esto objetivo?. Es todo producto
de una serie de planificaciones que toman cuerpo, entre
otras cosas, en la publicidad institucional, disciplina
que cada vez toma más relevancia en el mundo de la comunicación.
La empresa está detrás de un producto o servicio que tiene
que formar parte de la sociedad, que pretende sea una pieza
más, necesaria para el buen funcionamiento de la vida de
los ciudadanos. Ya se trate de un estropajo, unos vaqueros,
una idea o un bolígrafo, la vida de todos debe ser mejor
con ellos que sin ellos "propone como evidencia lo que es
una elección estratégica: la comunicación tiene como objetivo
interno presentar la estrategia elegida como la única vía
a seguir y hacer que se renuncie a otras hipótesis que pudieran
dispersar las fuerzas" . Parece que la dimensión de la batalla
aumenta al tratarse de publicidad institucional.
Sun
Tzu, en su libro El arte de la guerra hace una análisis
de las estrategias militares y nos traslada a un mundo feudal.
Hoy, en el siglo XXI, extrapolando las estrategias del filósofo,
obtenemos una receta para enfrentarnos a numerosos problemas.
Ciñéndonos a la publicidad y a la empresa, el libro constituye
más que una guía de supervivencia.
Cuando
hablamos de batalla parecemos remitirnos a una acción bélica
o cuanto menos violenta. No es este el caso. Pretendemos
ganar una guerra llena de trampas y estrategias sutiles.
Gritar en silencio y hablar de manera que nadie lo entienda,
nadie más que nosotros. Eso es una batalla estratégica,
actuar cuando los demás creen que estas dormido y dormir
cuando crean que estás avanzando. Dice Sun Tzu: "aunque
seas competente aparenta ser incompetente, aunque seas efectivo,
muéstrate ineficaz, si quieres ir cerca, di que vas lejos".
"El movimiento más eficaz es el que no se espera". Es jugar
al despiste y eso pretenden las empresas para con su competencia.
Y digo solo para con su competencia porque hacia los consumidores
adoptan otra posición. Es cierto que la estrategia está
igual de pensada cuando se aplica a un consumidor o a otra
empresa del sector, pero la persuasión de los clientes no
requiere de despiste si no de seducción, y esta es una batalla
diferente. Empresa contra empresa son ahora los miembros
de un combate para conquistar el terreno de los consumidores.
Las
empresas realmente grandes y casi todopoderosas, son o han
sido en su mayoría, empresas con iniciativas diferentes
al resto, innovadoras y muchas veces arriesgadas. La diferencia
con las demás ha sido saber adelantarse y proponer ellas
una lucha a las que las demás se han incorporado tarde cediéndoles
la ventaja. No dar tiempo a preparativos (es una premisa
que resalta este autor), lanzar un producto que todos imitarán
y vender antes de que las imitaciones existan. El plan que
las avale debe ser claro, firme y seguro, pero también flexible,
para adaptarse a cualquier situación, volátil, y confuso
o desconocido para los soldados enemigos.
Las
luchas deben ser cortas pero intensas, ya que si no se entra
en una dinámica repetitiva que debilita las armas (los argumentos)
y las estrategias (por lo que nada llegará a sorprender).
Si la contienda es larga el campo de batalla se erosiona
y la ciudad conquistada se dispersa. Si los consumidores
se percatan de la lucha, posiblemente confusos perderán
confianza, saturados no recordarán nada o nos identificarán
con la competencia y molestos aborrecerán a nuestro ejército.
Es necesario ser breve, conciso, seguro y un estratega planificado,
previsor y prospectivo. Externamente inconfundible, con
unos rasgos personales y unas líneas muy marcadas y exclusivamente
propias, e internamente irreconocibles, la personalidad
que se presenta no tiene porque concordar con la que en
realidad se tiene.
"En
vez de hablar de la guerra pasada, hablemos de la guerra
que viene, porque a veces es más útil estar preparado para
lo que puede venir que simplemente reaccionar ante lo que
ocurre ". Y estar preparado para lo que pueda venir supone
adelantarse a los acontecimientos para "vencer primero e
ir a la guerra después".
*
Elena Galante Marcos es estudiante de 3º de Publicidad
en la Universidad de Alicante.
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