La
PUB, así le llaman a la publicidad en
francés. La publicidad son los mensajes
que Dios nos envía a través de
sus ángeles creativos. Imágenes
de nuestros sueños, de nuestras aspiraciones,
imágenes para aprender a ser mejores,
a ser sublimes, para diseñar un futuro
mejor. Dios es muy bueno comunicando. Pero mejor
es su equipo de directores de cine, directores
de fotografía, Y los copys, qué
buenos son los eslóganes. Y qué
buenos son los ángeles compositores de
los jingles. Sí. Gracias a estas consignas
divinas, los mensajes subliminales, sobrenaturales,
nos van entrando por la piel y por las pupilas,
haciéndonos cosquillas en nuestras mentes.
Gracias a la Pub, los pueblos cambian, mejoran.
Muchas sociedades que están ancladas
en tradiciones medievales evolucionan en muy
pocos años. En mi pueblo, cuando era
pequeño, las casas no tenían cerraduras,
el vino lo refrescaban en las acequias y el
pan se hacía en un horno de leña.
Ahora, todo es confort. Las casas ya no son
más casas, ahora son chalés, las
puertas están blindadas con doble cerradura
y portero electrónico, ya no hay fresqueras
para ventilar los embutidos, los congelan en
grandes neverones tipo Falcon Crest, el agua
del botijo está embotellada en PVC y
la traen de los Pirineos en un camión.
El pan es mucho mejor, viene ya cortado y envuelto
en una bolsa de celofán de colores. Gracias
a estos ángeles creativos, yo sé
que los borreguitos se llaman Norit. Y que los
osos de Asturias miman mis toallas. Que Omo
lava más blanco, que los de Villabajo
son unos pringaos, que nunca me cambiaré
de lavavajillas, le seré fiel. Ahora
con mi telefonino cada vez que me muevo aviso
de que estoy llegando. Como no puedo ir de excursión
al desierto del Sahara, me he comprado un todoterreno.Y
cuando conduzco por el cinturón y las
autopistas de mi ciudad, me pongo música
country, me fumo un Marlboro, le pongo la marcha
de cuatro por cuatro y la suspensión
dura de montaña. Gasto mucha más
gasolina, pero cuando hay un bache el coche
no derrapa. Y el traqueteo me da una marcha
fenomenal. Gracias a los mensajes subliminales
y también de los otros de nuestro querido
Dios, vivimos mucho mejor.