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"Un
artista entre ciudadanos"
por
Pablo Lozano Ortega
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Todos
nosotros, desde muy pequeños, hemos estudiado
a los artistas. Ya en el colegio la maestra nos enseñaba
a apreciar, a un nivel muy básico, eso sí,
las pinturas, películas y obras literarias más
famosas. Así, en nuestros libros de texto aparecían
fragmentos de "Don quijote de la Mancha",
imágenes de "La Gioconda" o algún
que otro fotograma de "Lo que el viento se llevó".
En aquella época la palabra "artista"
me parecía de uso completamente normal y frecuente.
Más tarde comencé a plantearme términos
que utilizaba con asiduidad, lo cual me llevó
a reflexionar acerca de la palabra "artista".
¿Qué es a lo que llamamos artista? |
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El
artista y el ciudadano
Antes de nada debemos hacer una distinción
entre lo que consideramos artista y lo que consideramos
ciudadano, entendiendo el término ciudadano
como no artista. La misión del artista consiste
en escapar de la sociedad que le rodea para poder
investigarla desde el exterior. Un artista investiga,
se adentra en la sociedad pero no forma parte de ella.
El artista suele sentir predilección por los
aspectos más oscuros y tenebrosos del ser humano,
aunque no necesariamente debe ser así. Suele
adentrarse en la oscuridad de la mente humana debido
a que el ciudadano, al temer ese tipo de temas, huye
de ellos como si del mismo demonio se tratara. Es
ésta la razón por la cual el artista
suele cobrar una mala imagen. Sin embargo, si aquello
que le atrae es el nivel más bajo y perturbado
de la esencia del hombre no debe echarse atrás
ya que su condición de persona alejada de la
sociedad se lo permite.
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El
artista y la cultura
Cuando digo que el artista vive apartado de la sociedad
no es mi intención dar a entender que adquiere
su conocimiento por “ciencia infusa”, ni
mucho menos. El individuo que sacrifica su vida al arte
debe conocer el mundo, conoce su entorno y aprende de
él. Su conocimiento le permitirá adentrarse
en sus investigaciones, sean cuales sean. No existe
el artista inculto. Es por ello que aquel que se hace
pasar por artista sin serlo es descubierto, pues le
resultará absolutamente imposible medrar en su
propósito. La diferencia que separa a un artista
verdadero y a un artista falso es la misma que separa
al humorista del cuenta-chistes. El humorista crea el
humor basándose en sus conocimientos, en sus
experiencias, en su cultura. El cuenta-chistes se limita
a repetir, a modo de loro, aquellas pequeñas
historias que ha oído contar a otros cuenta-chistes.
El humorista hace reír y pensar mientras que
al cuenta chistes le basta con hacer reír, y
a veces ni siquiera logra éste propósito. |
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El
ciudadano que quiere ser artista
A todos nos viene a la mente al mencionar la palabra
“artista” aquella persona excéntrica
que descuida su aspecto físico y cuyo comportamiento
choca con el de la gente que le rodea. Muchos ciudadanos
admiran al artista , les embelesa esa forma de comportamiento
y otros incluso se atreven a imitarla. Ya pudimos ver
en el filme “Los Idiotas” de Lars Von Trier
algo parecido. En la película un grupo de personas
se hacían pasar por retrasados mentales en la
búsqueda de la felicidad. Pensaban que encontrando
a su idiota interior mejorarían como individuos.
Pero al llevarlo a la práctica en sociedad e
individualmente se dan cuenta de que son incapaces.
Es más, descubren que son realmente infelices
cuando desempeñan su labor de idiota. Igual le
sucede a aquel ciudadano que desea distinguirse del
resto de sus congéneres intentando destacar.
Los ciudadanos son seres grupales, trabajan en colaboración.
Que un miembro de un grupo de ciudadanos destaque es
algo inaudito, puesto que el ciudadano no está
preparado para resistir la soledad, el individualismo.
Digamos que no está hecho para ser libre, teme
la libertad, la rehuye. |
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La
ansiada y temida libertad
El ser grupal está hecho para seguir ciertas
pautas en su vida que lo alejan de la libertad. Eso
le hace sentirse seguro, aunque no le hace sentirse
más satisfecho ni más realizado como persona.
Además, el salirse de la norma para un ciudadano
es severamente castigado, desde un punto de vista social.
Ya lo dice el refrán japonés: “al
clavo que sobresale se le golpea con el martillo”.
Sin embargo, el artista necesita de la libertad, precisa
de ella para poder desempeñar su labor de exploración
de su entorno. Si eso no fuera así, su investigación
quedaría inacabada o alterada. De todos modos
debo decir que ni siquiera el artista goza ni padece
de una completa libertad. El ser humano, ya sea artista
ya sea ciudadano, está hecho para seguir determinadas
pautas en su vida. El artista se despoja de alguna de
ellas, pero debe mantener otras tantas ya que su condición
de persona le obliga a ello. En el punto siguiente desarrollaremos
el tema de las cadenas de las cuales el artista debe
desligarse para poder desempeñar su labor, los
instintos. El concepto de la libertad es tan amplio
y tan complejo que unas pocas líneas no bastarán
para tratarlo con un mínimo de profundidad. Esta
es la razón por la cual pasamos el tema de las
libertades tan de refilón. |
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El
artista y sus instintos
Otra manera de diferenciación entre ciudadano
y artista sería la forma en la que los instintos
afectan a uno y a otro. La sociedad permite, de un modo
u otro, que el ciudadano mantenga sus instintos. Eso
sí, con determinadas normas que le evaden de
las acciones consideradas reprobables. El ciudadano
es, de alguna forma, esclavo de sus propios instintos.
Éstos le resultan útiles para su vida
en sociedad. Sin embargo, por otro lado tenemos al artista
que necesita despojarse de sus instintos para poder
llevar a cabo su obra.
El
instinto nubla la mente y atrofia los sentidos. Muchas
veces me he planteado las siguientes preguntas: “¿es
posible unir en la persona del artista al hombre y al
animal? ¿le es posible mantener sus instintos?
¿podría ser que la obra del artista fuera
una especie de exteriorización de sus instintos
más primarios?. La respuesta a estas tres preguntas
es no. La labor del artista es comunicar su particular
visión de lo que le envuelve. Exterioriza aquello
que le interesa. Es una forma de comunicación.
Acepto que los instintos pueden considerarse comunicación.
La cuestión es que la comunicación que
desprende el instinto es muy primaria, demasiado básica.
Los instintos no son más que impulsos innatos
del ser humano. Los impulsos tienen su razón
de ser, pero al artista le resultan un pesado lastre
del que hay que desprenderse cuanto antes. Es completamente
imposible que un artista mantenga sus instintos ya que,
en el caso de que eso ocurriese, se produciría
una especie de conflicto. Es algo difícil de
explicar.
Será
más sencillo de entender poniendo un ejemplo.
Todos, durante nuestra infancia, hemos oído cuentos
populares en lo que entraban en contacto personas con
animales, como es el caso de “La caperucita roja”.
En todos lo cuentos en los cuales los animales se encuentran
con personas podemos ver un conflicto. Eso es debido
a que el hombre (el artista) tiene unos intereses que
difieren de los intereses del animal (el ciudadano).
Esos cuentos suelen terminar en tragedia, lo cual nos
lleva a pensar que la mezcla de humanos y animales es
trágica. Cada ser debe permanecer junto con los
de su especie, los hombres con los hombres y los animales
con los animales. Ese tipo de conflicto surge en el
artista cuando éste hace caso a su instinto.
Nunca debemos confundir instinto con inspiración,
son términos completamente diferentes, casi opuestos.
También pudimos ver la lucha entre lo instintivo
y lo racional en la película “Dune”
de David Lynch. En una escena de esta película
el protagonista debe aguantar el dolor. En realidad
se trata de un dolor imaginario que tan sólo
forma parte de su mente y no de su carne. Sus instintos
le animan a alejarse del dolor, pero el protagonista
logra separar el instinto del hombre. Eso es lo que
el artista debe hacer. |
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| La
obra artística
Como punto final es necesario tratar
el resultado del trabajo del artista, la obra final.
Es justo en este punto en el cual el artista ha finalizado
su labor y comienza la nuestra. Somos los usuarios del
producto artístico y sin ninguna duda lo juzgaremos.
Es en este punto en el cual cabría destacar el
delicado tema del Mercado vs. Arte. Yo, como estudiante
de la carrera de Publicidad y RRPP, entiendo la enorme
importancia del mercado dentro del sistema capitalista
en el que nos vemos inmersos. Es necesario producir
cada vez más y es así como vamos perdiendo
el concepto de lo que realmente significa arte. A su
vez olvidamos el significado de la palabra “artista”.
Deprime ver como la industria musical nos intenta vender
unos “éxitos prefabricados”, bien
preparados y envueltos para nuestro deleite. Por no
hablar del tema “ritmo latino”, esa moda
que consiste en un ritmillo consistente en trompetas
y tambores, aderezado todo ello con unas letras insulsas
y nauseabundas que suelen hablar de una mujer bella
a la que el cantante protagonista pretende conquistar.
Por otro lado tenemos la industria del cine que funciona
por modas. Hace un tiempo teníamos los thrillers
policíacos, después las películas
de “miedo” en las que los fantasmas no son
los “malos”, y ahora lo que tenemos es un
buen puñado de remakes y segundas o terceras
partes, todo ello debido a la falta de ideas. Pero siempre
podemos contar con la otra cara de la moneda. Mientras
escribo estas líneas escucho la segunda pista
del álbum Kid A de Radiohead e intento discernir
entre lo que es arte y no lo es. El arte es lo que nos
mantiene, lo que nos hace resistir. El artista cumple
una importante labor social. Yo, y que conste que ahora
hablo como ciudadano, no sé qué hubiera
hecho sin el humor de Faemino y Cansado, sin las películas
de David Lynch o sin la música de Radiohead,
entre otros.
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Pablo
Lozano Ortega es estudiante de 3º de Publicidad
y RR.PP. en la UA.
E-mail:
miyazaki_hayao@hotmail.com |
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