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"Reflexión
Publicitaria "
por
Jara Esbert Pérez
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"La
libertad no da la felicidad", Erich Fromm. Con
esta ilustre frase nos remontamos a los tiempos más
primitivos del hombre.
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Ya
entonces el ser humano, en su condición de
ser racional, se preguntaba sobre aquellos aspectos
de la vida a los que no se les podía dar una
respuesta lógica ni racional: la propia existencia
del ser humano es un enigma que nos acompaña
desde la aparición del hombre en la tierra
hasta este momento que yo escribo, que tú lees,
me atrevería a decir hasta el momento en que
el papel sobre el que caen estas palabras sea un medio
obsoleto, en una sociedad que avanza a pasos enormes,
con continuas innovaciones.
Pero
a este enigma continuo e insistente en nuestras vidas
le han ido acompañando otros muchos, relativos
a cada momento histórico: cuando no se podían
resolver las cuestiones meteorológicas, aparecieron
los mitos, y estos daban una seguridad y una tranquilidad
que calmaba las angustias de los que vivieron entonces.
No
hizo falta que apareciera el hombre del tiempo para
que nuevas dudas afloraran en las mentes de generaciones
posteriores: el destino, la incertidumbre, la fe,
a fin de cuentas la propia inseguridad del hombre
le llevó a crear un mundo de personajes idílicos,
que mostraban el buen camino del hombre, en su búsqueda
de la felicidad, bien en esta vida, bien en otra de
más allá. Y así venimos siglo
tras siglo, convocando a la religión y a sus
dioses para justificar nuestra existencia, para encontrar
un apoyo cada día, que nos una a todos por
un lado, que nos proteja individualmente, por otro.
Pero que nos proteja ¿de qué?. La soledad
y la inseguridad que conlleva la libertad del ser
humano es un hecho que asusta, que incluso para muchos
es imposible de soportar. Tantos suicidios que nos
contó Durkheim, en épocas en las que
no se sentía un espíritu integrador
en la sociedad, son resultado del mismo miedo a la
libertad, a la sensación de volar en un mundo
enigmático, con un rumbo indefinido, con unas
metas difíciles de concretar.
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Pero
ya son muchos años de creencias sobre hechos
cada vez menos convincentes, que cada vez más
se confrontan con ideas de carácter más
contrastable, a saber, con la ciencia empírica
que el hombre ha ido descubriendo por sí solo
a lo largo de los años. Y entonces, de repente
un día, nos despertamos y nos sentimos solos
y desprotegidos en un mundo cada vez más adverso:
no hay clavo ardiendo al que cogerse, y, entre tanto,
la tecnología nos sigue impulsando a crear y
crear más y más cosas.
Como
nuevo escenario de nuestras incertidumbres, encontramos
un sistema de vida en el que nos relacionamos con el
intercambio de productos, que cada vez abundan más
en unas zonas, que cada vez escasean más en otras.
Pero
aquí, donde tú y yo nos encontramos no
cabe duda de que el crecimiento de los productos tan
acelerado en tan poco tiempo ha creado un escenario
conocido como sistema capitalista en el que la lógica
del día a día es el consumo. Y esta lógica
es, como dice Baudrillard, "el índice visible
de la sociedad de consumo"
Miles
de carteles luminosos nos acompañan desde que
nos levantamos hasta que dormimos, en cada esquina,
en el bus o en el metro, es una amiga, la publicidad,
que nunca nos deja, nos acompaña allá
donde vayamos, y nos hace sentir integradores de un
mundo, integrados por la lógica de la superficialidad,
en la que se basan todos esos mensajes con que nos sentimos
atraídos a diario, en la radio, la televisión,
por la calle e incluso en las personas con las que nos
relacionamos: ya nosotros mismos hemos pasado a ser
soportes publicitarios, en camisetas, en zapatos, con
coches, cada objeto es digno de ser un objeto publicitario. |
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Y
lo peor de todo, es que se ofrecen productos inalcanzables
para la mayoría: cada vez más préstamos,
y a más largo tiempo, un mundo virtual, que se
mueve con dinero virtual, que busca una felicidad virtual,
que lleva a la angustia personal, a la frustración
individual de todos aquellos por los que la publicidad
tiene ese instinto maternal y protector.
De
ahí la elección de cada uno, de buscar
su propia felicidad en este mundo, dependientes de papeles
que parecen proporcionarnos la alegría; dependientes
de papeles que parecen informarnos de lo que pasa cada
día, dependientes de papeles que parece en cualquier
momento se acabaran cuando ya ni el oxígeno del
último árbol, sino artificial, podamos
respirar.
Y
en ese ahogo, dinero, medios de comunicación,
ecosistema y tu propio yo, se conjugan en una búsqueda
de supervivencia, en un camino que no hemos elegido
vivir, pero cuya dirección está en nuestras
manos.
No
dejemos que nos las aten, no dejemos que nos callen,
vuela con tus alas, grita con tu boca, sacia tu ansiedad
en este mundo vacío, lleno de cosas bonitas por
disfrutar, por compartir cada día, con tu entorno,
con todos aquellos que te rodean, condenados, como tú,
a ser felices. |
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Jara
Esbert Pérez es estudiante de tercero de Publicidad
y RR.PP. en la UA.
E-mail:
jaraesbertperez@yahoo.com |
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