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"Dimensión
estratégica de la política de
comunicación"(1)
por
Justo Villafañe
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La
valoración corporativa de la política
de comunicación ha variado mucho en los últimos
años y lo hará mucho más en los
venideros. De hecho, hablar en España, en sentido
estricto, de política de comunicación
nos retrotrae, excepción hecha de algunas grandes
corporaciones, a la década de los noventa.
Hasta entonces no se puede hablar con propiedad de
una política, comparable al resto de las políticas
corporativas, porque la comunicación empresarial
se entendía como la adición de un conjunto
de acciones escasamente relacionadas entre sí
y, por supuesto, sin una concepción estratégica
elemental.
Esquematizando
la cuestión, podría decirse que la comunicación
empresarial puede resumirse en tres momentos: el anterior
a los noventa, caracterizado por el protagonismo casi
hegemónico de la actividad publicitaria en
lo que se refiere a la comunicación de marketing
y las relaciones con los medios informativos; los
citados años noventa, en donde se produce la
emergencia de lo que se conoce como corporate,
es decir, la gestión de la comunicación
al servicio de la consolidación de una imagen
positiva de las empresas. En la actualidad el corporate
se orienta hacia la gestión de los intangibles
empresariales y la comunicación empresarial
alcanza el mayor calado estratégico conocido
hasta ahora, aunque seguir hablando de comunicación
quizá no sea lo más apropiado en estos
momentos.
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La
dimensión estratégica de la comunicación
ha ido creciendo en el tránsito por estas tres
etapas que acabo de describir. No se puede hablar de
estrategia de comunicación, o al menos no comparable
a la financiera, comercial..., antes de los noventa
porque, como digo, las dos actividades que absorbían
el máximo interés de las empresas eran
la comunicación de marketing, que siempre tuvo
como expresión más genuina a la publicidad,
y las relaciones informativas, que fueron y son una
prioridad insoslayable para las direcciones de comunicación
(que tampoco se denominaban así por aquel entonces).
Entrados
ya los noventa se produce un cambio de valores en la
comunicación empresarial propiciado por la crisis
publicitaria de 1993 que pone de manifiesto el agotamiento
de la comunicación de producto tal como se había
concebido tradicionalmente y que, junto a los efectos
negativos para el sector de la publicidad, trae como
consecuencia la emergencia de lo que se ha venido a
denominar corporate y que
no es otra cosa que la gestión integral de la
imagen corporativa.
En
la segunda mitad de los noventa se inicia un proceso
de consolidación irreversible de la comunicación
empresarial; proceso plagado de nubes y claros y con
notables diferencias entre las grandes corporaciones
y el resto de las organizaciones, y no sólo me
refiero a las pymes, sino a muchas grandes empresas.
Mientras que en las primeras, sus políticas de
comunicación sí adquieren una auténtica
dimensión estratégica que se evidencia
a través de una asignación de recursos
y una valoración orgánica importantes,
en el resto de esas empresas, con suficiente dimensión
corporativa pero sin una política de comunicación
con calado estratégico, sus políticas
comunicativas presentan sospechosas carencias. |
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En
el año 2000(2), por ejemplo, la planificación
estratégica de la comunicación de nuestras
empresas se realizaba a muy corto plazo, generalmente
inferior a un año. Se reconocía por los
responsables de la política de comunicación
la inexistencia de una estrategia auténticamente
unitaria lo que provocaba en un 85% de los casos una
imagen contradictoria para los públicos de esas
empresas y en un 83% se reconocían dificultades
en la implantación del posicionamiento estratégico
corporativo. La importancia de la estrategia de comunicación
respecto a la comercial era menor en un 43% de los casos;
un 36% con relación a la de producción
y un 42% respecto a la estrategia financiera.
La
dimensión estratégica de la política
de comunicación es bastante diferente en las
grandes corporaciones en las que, desde hace ya algunos
años, está equiparada al resto de las
políticas corporativas; sus responsables forman
parte de los comités de dirección; la
planificación temporal se hace a medio plazo,
coincidiendo en algunas empresas con el proyecto empresarial
al que se supedita y, lo que es más importante,
formulando planes estratégicos explícitos
y redactados que integran la gestión de las acciones
de comunicación tradicionales y cotidianas (relaciones
informativas, patrocinio, relaciones institucionales…)
con la gestión de los activos intangibles (reputación
corporativa, marca, cultura organizacional…) de
las empresas que constituyen el nuevo reto de las modernas
direcciones de comunicación y los que le darán
a éstas su auténtica dimensión
estratégica. |
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(1)
Este artículo será publicado en el Anuario
de Dircom del año 2003.
(2)
Los datos provienen del informe anual sobre El Estado
de la Publicidad y el Corporate en España, Pirámide,
2000. |
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Justo
Villafañe, Catedrático de la Universidad
Complutense de Madrid.
http://www.villafane.com |
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