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"Una
guerra ilegal e injusta"
por
Pep Rubio Quereda
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Los
Estados Unidos de América, en coalición
directa con Reino Unido y España, y apoyados
por “más de treinta países”,
iniciaron hace una semana una agresión contra
un país soberano como es Irak; demostrando
al mundo su respeto por los órganos de decisión
internacional y por la legalidad que venía
moderando al planeta, en sus más y sus menos,
desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Podemos
abrir varios frentes en esta reflexión, pero
nos centraremos en los acontecimientos globales y
demostrables que vienen sucediéndose en las
últimas décadas.
“Guerra
Ilegal”, algo indiscutible por cualquier jurista.
Los EEUU se han saltado a la torera el derecho internacional.
Hace poco, un estudiante de la carrera de Derecho
me comentaba que cierto profesor de derecho internacional
propuso a la clase coger los libros y romperlos, dado
que su contenido había sido mancillado y humillado
de una manera brutal, y le resultaba chocante e irónico
impartir algo que no se estaba cumpliendo en los más
altos niveles de poder y de decisión. Se habla
mucho de la resolución 1441 del Consejo de
Seguridad, pero habría que echarle un vistazo
a otras resoluciones de la Asamblea de Naciones Unidas,
que dejan bien claro que no se autoriza el uso de
la fuerza en las relaciones internacionales, y que
dicho uso debe estar autorizado por un comité
especial.
La
misma resolución 1441 no contempla el uso de
la fuerza en caso de incumplimiento de las sanciones
por parte de Irak. Según el párrafo
doce, el consejo debería reunirse para “considerar
la situación”. Del mismo modo, no podemos
olvidar el acta fundacional de las ONU, la Carta de
San Francisco, y en ella el capítulo séptimo
referido a amenazas a la paz, en el que se indica
que es el Consejo de Seguridad quien decide si se
hace uso de la fuerza o no, y que ningún estado
puede tomar esta decisión sin el consentimiento
de la comunidad internacional.
Según la Ley, sólo una autoridad competente
puede declarar la guerra a un Estado; entendiendo
“autoridad competente” al Consejo de Seguridad
de la ONU o a la OTAN. Ni los EEUU, ni Reino Unido
ni ningún otro país son autoridad competente
en esta materia, por lo que el inicio de los ataques
debe considerarse un acto de guerra y una agresión
directa contra un país soberano, algo que la
Ley condena y declara del todo delictivo. Precisamente
la ONU se creó para evitar que los criterios
personales de las naciones y sus dirigentes dictaran
la “legalidad internacional”, como ocurrió
en los hechos que desencadenaron la Segunda Guerra
Mundial. Para evitar que un régimen imperialista
con ambiciones económicas (petróleo),
políticas (crear una “Gran Alemania”)
o militares (tomar la zona estratégica del
peñón de Gibraltar), actuasen según
sus propios criterios y contribuyesen a la destrucción
de Europa. Para
evitar que ningún Estado estuviese por encima
de otro por el simple hecho de contar con ejércitos
superiores. Para evitar la “guerra preventiva”.
En conclusión, para evitar lo que ha ocurrido
después de casi sesenta años desde la
caída de la Alemania nacionalsocialista.
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La
ONU ha entrado en la crisis más grande de su
historia, y los EEUU han creado un peligrosísimo
precedente que pone en serio peligro la seguridad mundial
(¿no se trataba de preservar esa seguridad?).
“Si ellos pueden hacerlo, ¿por qué
nosotros no?”, esgrimen regímenes como
Corea del Norte (que asegura que si “sospecha”
de que EEUU pueda atacarles, ellos atacarán “preventivamente”)
o Japón (que dice que atacaría “preventivamente”
a Corea del Norte si se sintiesen amenazados). Y no
es una broma, ya que estos países tienen razón.
Los EEUU no tienen ningún comodín que
les permita saltarse las órdenes de Naciones
Unidas. Y si ellos lo hacen, como lo han hecho, deben
asumir que cualquier nación del mundo puede hacerlo
y que, por tanto, la ONU ha quedado completamente inútil.
Podemos estar entrando en un mundo al estilo del viejo
Oeste, en ese mundo que nuestros antepasados quisieron
evitar con la firma de la Carta de San Francisco en
1945. Con esta agresión a Irak, los países
involucrados han deshonrado la memoria de todos los
luchadores caídos por la libertad en la fatídica
Segunda Guerra Mundial.
“Guerra
Injusta”, desde el momento en que no existe justificación
para declararla. La justificación de los agresores
es la posesión ilegal de armas de destrucción
masiva por parte del régimen de Saddam Hussein.
Unas armas que los inspectores de la ONU no han podido
localizar en ningún momento, y ante la insistencia
norteamericana, solicitaron más plazos que les
fueron negados. Por tanto, no hay pruebas de la existencia
de estas armas. El Departamento de Estado en voz del
propio Colin Powell, presentó pruebas de la sí
existencia de estas armas por parte de Irak. Pruebas
directas y pruebas circunstanciales. Pruebas directas
que, como ellos mismos reconocieron más tarde,
eran falsas. La aportación de pruebas falsas
en el proceso tiende a desligitimizar a los Estados
Unidos. Y en cuanto a las circunstanciales, pues eso
mismo: circunstanciales. Por tanto, no se pudo probar
la existencia de armas de destrucción masiva
en Irak. ¿Que realmente sí que tienen
esas armas? Pues es probable, y si EEUU lo sabe es precisamente
porque ellos mismos se las vendieron durante la guerra
Irán-Irak. El propio Rumsfel que aparece ahora
tan belicista contra el dictador Saddam, se entrevistó
con él en 1981 para negociar la venta de armamento
y el suministro de información. En aquel momento
a EEUU no le importaba que Irak estuviese en posesión
de dichas armas, y menos le importó que las usase
en 1988 contra el pueblo kurdo iraquí, matando
a 8000 personas por efecto del gas nervioso. Pero parece
que ahora, buscando un cabeza de turco sustituto de
Bin Laden, sin intereses políticos en el régimen,
y sedientos de petróleo (¡oh!, divina casualidad),
empieza a importarles la posesión de dichas armas
y su posible uso. |
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Una
segunda posible justificación (como ocurrió
con Milosevic) es que Saddam estuviese ordenando un
genocidio contra su pueblo, cosa que a día de
hoy no ha hecho. Sí que lo hizo, pero en aquellos
tiempos de nuevo, no le importaba a nadie. Ahora no
se justifica el ataque contra un régimen dictatorial
y radical, como lo es el de Irak, por estos motivos.
La guerra está injustificada legalmente. Y si
Saddam posee las armas, se debe demostrar antes de iniciar
cualquier agresión. No podemos hablar de posibilidades
cuando se trata de vidas humanas lo que hay en juego.
Vidas de civiles y de soldados, porque aquí todos
son víctimas. Discrepo y condeno completamente
tanto a Bush como a Saddam, pero estoy al lado del pueblo
iraquí y norteamericano, al igual que siento
una profunda tristeza cuando nos comunican nuevas bajas
de uno u otro bando (sin pensar ya en las “verdaderas”
bajas, que no nos comunican).
La legalidad invita a denunciar a los agresores ante
el Tribunal Penal Internacional, que contempla este
tipo de casos; y a pedirles responsabilidades según
la implicación de cada uno (Aznar no podría
ser imputado por los mismos cargos que Bush, por ejemplo).
Como se le pidieron responsabilidades a Irak tras la
invasión de Kuwait, se deben y pueden pedir responsabilidades
a los agresores actuales.
Por tanto, una guerra ilegal e injusta que puede servir
como precedente de una nueva era histórica, demostrándose
una vez más que en la civilización humana
vivimos periodos pendulares. |
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| En
cuanto a los países que deseaban una solución
pacífica a la crisis, y que postulan a día
de hoy el fin inmediato de los ataques, como son Rusia,
Francia, China o Alemania, tampoco es para ir corriendo
a sus brazos o enarbolar sus banderas. Son precisamente
países que tienen contratos de prospección
petrolífera en el país. Contratos que ya
se están yendo al traste y están siendo
sustituidos por contratos de empresas norteamericanas
(curiosamente empresas de las que era directivo el vicepresidente
norteamericano Cheney).
Nosotros,
como ciudadanos, debemos hacer oír nuestra voz
en este asunto; pero andándonos con ojo para
no mezclar recelos e intereses políticos. Estamos
en contra de la ilegalidad de la guerra, no en contra
del pueblo americano o del pueblo iraquí; porque
al fin y al cabo, ellos son como nosotros.
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Pep
Rubio Quereda es alumno de 3º de Publicidad y RR.PP.
en la UA.
E-mail:
peprubio@msn.com |
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