Construido
en plástico duro, tiene cama, TV, control de
temperatura, luz de lectura, radio y reloj despertador.
El único problema es que no se puede estar
de pie dentro de ellos. Así se presenta el
Love Box, un equipamiento público al servicio
de lo íntimo y un refugio para la pausa inherente
a nuestro desplazamiento. El proyecto propone reunir
en un espacio de 36 metros cuadrados todas las comodidades
que el acto sexual fuera del domicilio requiere: cama,
ducha, y cuarto de aseo. Una tarjeta de prepago nos
abre al puerta de esta moderna “folie”
urbana, proporcionándonos 50 minutos de intimidad
para hacer lo que nos dé la gana: echar un
polvo, una siesta o aislarnos del mundanal ruido.
Gracias al material reflectante de las paredes externas
del Love Box se identifican con el paisaje elegido
para su ubicación: un parque, aeropuerto, o
cualquier otro espacio público, creando un
efecto camaleón que permite un “aquí
no ha pasado nada” como si de un “deja
vu” se tratara.