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La triple superproducción de los hermanos Wachowski llega a su fin estos días en los cines de todo el planeta. El estreno simultáneo de Matrix Revolutions en más de 50 países da por concluido el mayor intento por construir un producto de culto similar a clásicos tales como Star Trek , Blade Runner , La Guerra de las Galaxias o Alien. |
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| La perfección de la primera película deslumbró a crítica y público y desató el entusiasmo de espectadores desde todos los puntos del planeta. Naturalmente, la gran maquinaria del merchandising, estudiado al más mínimo detalle, y el marketing llevado a su última potencia, se pusieron en marcha para saciar el ansia estético de los fanáticos de Neo y compañía al tiempo que intentaban lograr nuevos adeptos y mayores recaudaciones en las sucesivas entregas. Que la primera película de la saga es impecable e incluso brillante parecen confirmarlo la opinión de unos y otros pero tiempo habrá de ver si resiste el paso de los años, si allá por el 2020 seguiremos visionando Matrix como hoy en día se sigue viendo El retorno del Jedi (1983) o Blade Runner (1982). La segunda entrega en términos absolutos no es más que una película de transición entre la primera y el final de la saga. De todo el espectáculo elaborado por los Wachowski sólo se salvan las escenas en las que interviene el oráculo y el diálogo de Neo con el arquitecto. El resto de escenas y diálogos resultan pueriles y redundantes, los ejercicios de acción menos estéticos que en la primera o que en la tercera entrega y los nuevos personajes, vagos y prescindibles. Uno tiene la firme creencia de que los Wachowski, a la vista del resultado final, bien pudieran haber considerado Matrix como dos películas: la primera se correspondería con la primera entrega tal como la conocemos y la segunda debería haber contenido la esencia de la trama de Matrix Revolutions al tiempo que reducía la segunda a unos primeros minutos en los que se nos presentase los nuevos personajes y los diálogos necesarios para seguir el hilo de los acontecimientos de la guerra entre humanos y el mundo de las máquinas así como el duelo personal entre el agente Smith y Neo y la solución final a los dos enigmas principales de Matrix . Otra opción habría podido ser una trilogía pero no, desde luego, tal como la conocemos. Los interrogantes que uno se hace respecto al oráculo, a la última exiliada, al posible regreso de Neo, a la verdadera naturaleza del mundo de Matrix y al enigma del hombre tal como lo conciben los Wachowski deberían haber sido planteados al final de la segunda película, no al final de la saga, y deberían haber sido respondidos valientemente en una supuesta tercera parte. Lo que está claro es que los Wachowski así como el resto de los responsables del proyecto Matrix han roto su promesa de una trilogía cerrada. |
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Entre las escenas de Matrix Revolutions que provocan el mayor fraude estético son la escena de la muerte del capitán de los defensores de Sión, la caracterización de Neo como el Mesías y, por supuesto, la muerte de Trinity. La muerte del capitán a manos de los centinelas y el diálogo con "el pequeño soldado Joe" que debe desempeñar el papel de héroe de la resistencia se carga toda la espectacular batalla contra las máquinas. Que el cine moderno no ha sabido enfocar el sentido de la muerte en nuestras vidas y mucho menos proyectar una auténtica muerte es un hecho. Pero de ahí a que los Wachowski no hayan sabido crear una fórmula original para el tratamiento de la muerte en su gran superproducción, que se hayan limitado a un estereotipo que produce rechazo por consabido y, más aún, que degenere en una especie de discurso de la inmolación del individuo y en la elevación a héroe menor de un muchacho de 16 años, que cumple en la película fundamentalmente una función cómica y que no es capaz de honrar la muerte de su capitán sino que debe ser ayudado por la mujer de , dice mucho de la incapacidad de los Wachowski para crear verdadero cine y de la complacencia, fruto de la comercialidad, que trasluce la superproducción Matrix. |
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Esa complacencia, esa redundancia conformista y ese goce de ideales estéticos estereotipados, constante a lo largo de las entregas, alcanza su mayor grado de degeneración en el tratamiento del amor entre Neo y Trinity. Su relación afectiva sigue los cánones de gran parte del cine americano de los 90 y la película pierde gran fuerza al presentar el amor como una de las fuerzas que mueven al ser humano hasta hacerlo capaz de actos de sacrificios inconcebibles sin la acción de esa fuerza trascendente. Matrix Revolutions resulta un fraude porque señala definitivamente el amor de Neo y Trinity como la fuerza fundamental que desarrolla la historia de la saga. El problema radica en que el amor entre Trinity y Neo carece de toda originalidad, de todo tratamiento distinto o innovador, de que el núcleo principal de la estructura del guión de Matrix no es verosímil. El amor en Matrix curiosamente no es nada pretencioso - cuando toda la superproducción lo es a todas luces-, sino que se presenta totalmente complaciente como es habitual en el cine contemporáneo de Hollywood. Es un hecho indubitable que encarna plenamente la concepción del amor por el cine estadounidense de las grandes superproducciones: se nos presenta un amor desesperado, alimentado por el temor a que uno de los dos amantes perezca a manos del enemigo. Que Trinity se enamore de Neo por ser el Elegido puede ser razonable pero que Neo ame a Trinity porque le ofrece seguridad tal como nos sugieren las sucesivas entregas, parece bastante risible. Neo, el Mesías, el héroe de Héroes, el Salvador es tan ñoño, tan made in U.S.A. que produce risa. ¿Desde cuándo un héroe, un elegido demuestra tanta inseguridad, miedo, temor ante su propio destino? De hecho, se presenta a Neo claramente como un Cristo, como la materialización de un dios, diseñado por el arquitecto, en el mundo de los humanos. Se supone que Neo es el Elegido y prácticamente un dios, con unos poderes sobrehumanos pero uno no puede quitarse de la cabeza el modo en que Keanu Reeves hace de bueno tonto en un papel simplón y, en definitiva, estúpido cuando en realidad debería presentarse como un héroe autosuficiente, valiente y audaz en la aceptación de su destino. Pero ya no discutiendo sobre la verosimilitud del personaje de Neo o la pésima interpretación de Reeves o lo estereotipado del amor de Neo a Trinity uno no sabe qué grandeza puede tener un amor así-, lo importante es que si deconstruimos el discurso de los Wachowski, nos encontramos con que la amenaza exterior es el elemento que une a Neo y Trinity, que la fuerza principal que mueve la historia de Matrix tiene por núcleo un fraude estético. Desde luego si el amor en Matrix es la baza mayor de los Wachoswki -o de la mano negra de Hollywood que ha decidido la forma del guión- para lograr la complicidad con el espectador, la superproducción está a la altura de los mayores fraudes en la historia del cine norteamericano. | |||||||
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En una lectura quizá más profunda de Matriz - y por ello quizá errónea- aparece la fe como fuerza que mucho más que el amor es capaz de mover al ser humano a trascenderse a sí mismo. Pero uno nuevamente se pregunta por qué la fe se ha de apoyar en el amor, por qué el Elegido necesita del aliento constante y sincero de una mujer normal. Desde este otro punto de vista, Neo sería la personificación de la fe, una especie de creyente en la profecía y en él mismo por la cual él debe salvar a la humanidad confinada en Sión. El argumento del personaje Neo no es original y creemos que bien podría haber valido para plasmar una película o una saga dignas de memoria en la historia del cine si los Wachowski no se hubiesen leído demasiada ciencia-ficción y se hubiesen interesado un poquito por la ontología nitzscheana. Si Neo es un superhombre, el héroe humano por antonomasia, la carcajada que produce en el crítico competente resulta estridente a poco que este haya leído a Nietzsche y se haya interesado por la filosofía del Superhombre... Quienes hayan visto la tercera entrega de Matrix muy probablemente se habrán sentido defraudados por la falta de sinceridad de los Wachowski y de los actores principales que aseguraron que, a pesar de que el proyecto era la mayor experiencia de sus vidas, Matrix era una trilogía cerrada y no rodarían más entregas en el futuro. Los Wachowski han sido acusados por la crítica de pretenciosos y de jugar al ocultamiento de información necesaria para la comprensión del mundo de Matrix y, en última instancia, resulta cierto. La tercera -y supuesta última- entrega de la saga arroja luz sobre la figura de Neo y el Oráculo pero no presta la coherencia necesaria que requería el vasto mundo de Matrix . No se trata de suscribir la crítica del Washington Post que no ha dudado de calificar a Matrix como << un comienzo incomprensible y un final risible >> pero sí de denunciar cómo el proyecto se les ha ido de la mano a los Wachowski y de mostrar la indignación ante el hecho de que el mundo de Matrix continuará en Animatrix y en los sucesivos videojuegos que completarán para deleite de los fanáticos el sentido de la trilogía. La mano del mercantilismo más extremo y de puro cuño hollywoodiense arroja sombra sobre Matrix . En el tácito acuerdo entre espectador y director, productor y actores, Matrix había sido presentada como una trilogía que haría historia en la ciencia-ficción, pero parece que no nos encontrábamos ante una experiencia estética cinéfila sino más bien ante otra transacción comercial más entre el consumidor y la industria norteamericana del cine. |
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| José Luis Nuño viejo es estudiante de Filosofoía y Letras en la Universidad de Oviedo. | ||||||||
| E-mail: jl_nv19@hotmail.com | ||||||||