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El pasado mes de octubre tuvo lugar en Oviedo la entrega del festival "Premio Príncipe de Asturias 2003". Este año la ceremonia vino cargada de un gran compromiso ético y un enorme peso intelectual, en los que tuvo buen protagonismo el periodista y novelista Ryszard Kapuscinski. |
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| El evento contó con la presencia de figuras emblemáticas, cada una en su campo pero todas con un denominador común: el compromiso personal y profesional que ofrece, por un lado, el fruto creativo de la labor de cada uno de ellos; por otro, una contribución a la sociedad y un ejemplo de lo que significa realizar un buen trabajo. La primera galardonada fue Joanne Kathleen Rowling , Premio Príncipe de Asturias a la Concordia, con su obra Harry Potter. La escritora británica anunció: "quise representar las ambigüedades de una sociedad donde la intolerancia, la crueldad, la hipocresía y la corrupción abundan, para demostrar mejor lo heroico que es, cualquiera que sea tu edad, luchar en una batalla que nunca se ganará". Terminó Kathleen su discurso diciendo que el destino del dinero obtenido gracias a este premio sería el Fondo para Países en Vías de Desarrollo de la Asociación de Lectura Internacional. El Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales fue para el pensador y filósofo Jürgen Habermas , quien destacó los paralelismos entre él y Miguel de Unamuno. Además, brindó unas palabras acerca de la situación actual en Irak: "tampoco la carga de profundidad atlántica de una guerra contraria al Derecho Internacional puede separar de nuevo a la nueva España de la vieja Europa". Lula da Silva , por su parte, también manifestó su opinión sobre el estado actual mundial. El Presidente de Brasil, galardonado con el Premio De Asturias de Cooperación Internacional, declaró: "Es necesario que la comunidad internacional asuma su responsabilidad colectiva, alistándose en la única guerra de la cual saldremos todos vencedores: la lucha contra la pobreza y la exclusión social" . |
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El Premio Príncipe de Asturias a las Letras fue entregado a dos mujeres: la norteamericana Susan Sontag y la marroquí Fatema Mernissi . Sontag defendió su profesión ligada a "una amplia escala de valores" y al compromiso ético bajo el que el escritor juzga sus propias actividades personales y literarias. Por su parte, Mernissi pidió "una globalización en la que el papel de los estados consista en facilitar a los ciudadanos el conocimiento de las técnicas de comunicación y el arte del diálogo" El Premio a las Artes se le otorgó a Miguel Barceló , que no anunció discurso alguno pero compartió escenario con Jane Goodall , Premio a la Investigación Científica y Técnica. El Tour de Francia también tuvo su reconocimiento, con el Premio a los Deportes. Y, por último, el Premio Príncipe a la Comunicación y Humanidades le fue concedido a Gustavo Gutiérrez y al polaco Ryzsard Kapuscinsky . Éste último supuso todo un reconocimiento a la profesión periodística y a la labor de escritor. En su obra se confunden géneros, por lo que más que mezclas de lenguajes podemos hablar de la creación de un estilo propio e inconfundible, lo que algunos han venido a bautizar con el nombre de "creative non fiction". |
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Este polaco ha dejado la huella en la historia de la humanidad con una intensa trayectoria, tanto en el plano personal como en el profesional, ya que ambos aspectos de su vida, más que nunca, se han visto entrelazados en una secuencia de acontecimientos que le han hecho trasladar su vida afectiva al trabajo y arrastrar su labor profesional consigo en cada momento. Su historia es muy extraña para todos aquellos que piensan que sólo se puede ser un brillante escritor si se ha devorado libros desde muy pequeño. "Mi educación fue muy atrasada en el sentido de que todo lo empecé muy tarde: comencé a leer muy tarde, a escribir muy tarde, a estudiar muy tarde, y todo por la guerra. Puedo decir que esos diez años más formativos en el ser humano, entre los nueve y los diecinueve años, yo los tuve perdidos" Su parto como escritor se produjo cuando tenía dieciséis años, con la publicación de un poema en una revista cultural de Varsovia. Kapuscinsky se siente tan culpable por los libros que aún no ha escrito como por los libros que le quedan por leer. Su trabajo se centra en hacer bien las cosas, reflejo de su personalidad. Se manifiesta su ser en libros como Ébano , La guerra del fútbol , El Emperador o Los cínicos no sirven para este oficio. Antes de escribir cada obra, Kapuscinsky se documenta sobre lo que va a contar, leyendo gran número de libros y viajando hasta el lugar en cuestión. Para escribir Ébano, este polaco devoró una biblioteca de doscientos libros sobre asuntos africanos. Recuerda haber leído catorce mil páginas antes de escribir un libro sobre Crimea. |
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Y cuando Kapuscinsky viaja, lo hace en cuerpo y alma, transformando su escritorio en su mochila y olvidándose de su vida personal. Cada nuevo lugar, casi siempre tierras bautizadas como "subdesarrolladas", se convierte en su nueva casa, y sus habitantes, en sus amigos. Se sumerge en la vida, las costumbres y tradiciones de la gente, pasando a formar parte de esa sociedad. Hubo incluso una época en la que no se comunicó con su esposa durante casi cincuenta meses. "No le escribo cartas ni le llamo por teléfono cuando estoy trabajando. Hay que viajar solo, aprender un idioma, involucrarse entre la gente, y no puedes estar pensando en tu familia" Este escritor polifacético, habla siete idiomas distintos, y no por otorgarse ningún tipo de diploma, sino simplemente para poder comunicarse con las personas que le interesan y actuar como observador participante. De esas experiencias queda Kapuscinsky embarazado hasta la publicación de cada una de sus obras, en las que se nos cuenta una historia tomada de primera mano. Es la utopía de la teoría y la práctica solapadas, el arte del periodista que sale con una mochila a ver con sus ojos el conflicto, para después contarlo. Observa cada situación, la escucha, la huele, la interpreta bajo el papel de unos y otros, y, con toda esa información, Kapuscinsky nos acerca la realidad de esos lugares. Pero como sería de esperar, más de una utopía cumplida no coincidiría con la realidad, y en todo acto comunicativo siempre queda un leve aroma subjetivista: también es cierto en este caso, ya que si hay un rasgo de la personalidad de este hombre que destaca sobre los demás es el de la honestidad, que transmite en cada texto y que el lector acoge con sus manos, hasta introducirlo en sí mismo, pasando con cada uno de sus escritos a formar parte de todos aquellos que lo leemos, como ejemplo de escritor y periodista, como ejemplo de persona comprometida con su entorno y con el mundo en general, como ejemplo, de todo un profesional. |
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| Jara Esbert Pérez es alumna de Publicidad y RR.PP. en la Universidad de Alicante. | ||||||||
| E-mail: jaraesbertperez@yahoo.com | ||||||||
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