Como construir la realidad social a través de los medios

por Sandra Serrano

El reciente anuncio de la boda real y la opinión pública creada al respecto, donde no existen voces disonantes ni críticas nos invita a reflexionar acerca del papel de los medios en este punto de vista general, ¿cuánto hay de verdad en esa influencia? ¿ha sido realmente orquestada?


 

El Príncipe Felipe se casa. Tras mecerse en brazos de atractivas mujeres socialmente no aceptadas, no apropiadas por su condición de modelo o por su condición de extranjera importa ya muy poco; el caso es que se ha enamorado de una mujer culta que sabe estar.   Y es que no sólo se trata del enlace de Felipe y Letizia. No. La reseña sería más bien: el Príncipe Felipe de Borbón, futuro rey de España, y la periodista divorciada Letizia Ortiz.

Los mass media en general y la televisión en particular, han insistido en toda una serie de minuciosos detalle, acerca del diseñador del vestido de boda, del majestuoso peinado, de los maravillosos regalos... sobre todo en las tertulias que difuminan de rosa todo lo que la alquimia del rey Midas lo transmutaba en oro; sin embargo, dejan que la ingravidez del aire se lleve consigo planteamientos relevantes que suscitarían debates tan interesantes como el hecho de que la Santa Iglesia Católica dé por sobreseído el divorcio de Letizia, así como la gobernabilidad de la nueva reina, es decir, si se la considera capacitada para reinar, entonces ¿por qué no se le otorga el beneficio de la duda a la primogénita del rey Juan Carlos I, la infanta Elena, siendo mujer también?
     

Los medios realizan un papel fundamental en la sociedad: mientras se contemple la boda real en sus portadas, les confieran primeros planos y sea la retahíla en las charlas, tal vez se puedan esclarecer las cuestiones que apuntábamos antes, en vez de los superficiales comentarios sobre el cutis, las notas de primaria o sobre si ella ha acallado a su novio y como consecuencia de ello tiene carácter (en tanto que se habría de respetar a la persona que habla, por educación) y no por regalarle "una joya literaria como Larra".

Dejemos aparte las intrigas amorosas que se vierten a mansalva y abordemos la tradición. Este vocablo, intrínsecamente nos conduce a cierta continuidad, a ligarlo al conservadurismo y a un concepto generacional, a la transmisión de valores, costumbres y creencias, como quien transmite su código genético, la herencia del DNA, a sus hijos, a todos por igual (1). De ser así, que lo es, entonces puede que se haya transgredido o escindido importante información. En primer lugar, en cuanto al asunto de la Iglesia, que por distintos motivos, no ha recelado en querer casar a la pareja por lo católico aun cuando conoce los antecedentes de la joven y haga que se tambaleen torpemente sus obtusas convicciones y se mancillen sus valores religiosos. Esta institución pierde seriedad. Si ha de ser benevolente con el matrimonio de los futuros reyes de España, también habría de serlo con otros menos reales que se encuentren en la misma situación; así podremos discernir la coherencia equal , aunque se vea ofuscada la tradicional fe. Ello haría notoria cierta vulnerabilidad en la Iglesia, que se vería asediada por parejas que quieren formalizar su nuevo enlace y estar acorde con esos requisitos, para ser reconocidos por lo alto de esta jerarquía.


     

Hace falta renovación. Es cierto que no hay que olvidar las tradiciones que han marcado las raíces; no obstante, tampoco hay que dejar al margen que ahora hombres y mujeres son reconocidos como iguales y que por tanto no se habría de marginar a las mujeres de su derecho a reinar. No alcanzo comprender la legitimidad de la ley Sálica en este contexto socio-político y cultural; en otro tiempo se excusa con la mentalidad de la época, y ahora, ¿con qué? ¿Con la riqueza léxica de Letizia Ortiz o con los aplausos al Príncipe por haber sabido escoger a alguien como ella en vez de a Eva Sannum a quien se la condenó por las pasarelas?

Hace falta mediatizar con raciocinio y no con fútiles observaciones que no son más que eso, un observatorio externo inherente a la realidad, pero adherente para las masas morbosas.

 

No se trata de una rotura profunda con el pasado, sino de matizar contenidos, no generalizar y combinar pautas obsoletas con la modernidad. Resulta incoherente para la historia y para nosotros mismos, por tanto, hay que reformular las concesiones que debilitan la puesta en escena de la renovación.

De manera que deberíamos empezar por el término "tradición" del diccionario que dice así: "transmisión de hechos históricos, costumbres, etc., hecha de generación en generación."

Habría que matizar...


 
(1) En el sentido de que las dos hebras de DNA están compuestas con la mitad de información de la madre y la mitad del padre. Lo apuntamos para que no haya confusión y se entienda que los hermanos tienen idéntica disposición de sus nucleótidos en su código; ello sólo sucede con los gemelos.
Aludimos a que "han sido reconocidos" porque antaño no se tenían en cuenta los derechos de la mujer, aunque debían haber sido los mismos que los de los hombres, no se aceptaban.
 
     
Sandra Serrano Mira es estudiante de Publicidad y RR.PP. en la Universidad de Alicante  
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