La seguridad abarca diferentes ámbitos en el ser humano, personal, social, nacional, física, moral, familiar, laboral, entre otros, definiéndose como el estado de bienestar que percibe el ser humano y que está directamente relacionado con la confianza o con la sensación de ausencia de riesgo. En este sentido las ciencias de la seguridad se comprenden como una disciplina que evalúa y gestiona los riesgos a los que puede verse sometida una persona en su ambiente y circunstancias vitales en aras de aplicar medidas de prevención de riesgos.

Es inútil decir que no deberíamos querer la seguridad. Hemos de descubrir que no existe la seguridad, que buscarla es doloroso y que cuando imaginamos haberla encontrado, no nos gusta. Lo principal es comprender que no hay ninguna seguridad.

Alan Watts, filósofo británico (1915-1973) 

Para Abraham Maslow, psicólogo estadounidense, fundador de la psicología humanista, la seguridad estaría considerada en el segundo escalón dentro de su pirámide de necesidades a cubrir por los seres humanos. Maslow sitúa en primera instancia la cobertura de las necesidades básicas de carácter fisiológico que aseguren la homeostasis necesaria para la supervivencia (respiración, alimentación, hidratación, sueño, eliminación de desechos corporales, evitación del dolor y mantenimiento de la temperatura corporal) y en segundo lugar  las necesidades de seguridad y protección (integridad del propio cuerpo, mantenimiento de la salud y los recursos materiales como la vivienda o el poder adquisitivo).

Fuente del vídeo: Soyelchojin

El ser humano nace en un estado de desprotección manifiesta, no tiene recursos para al mantenimiento de su propia vida y depende en su totalidad de los adultos con los que logre vincularse, sus figuras de apego, quienes serán los encargados de velar por su seguridad y el desarrollo íntegro de sus capacidades. A lo largo de la vida el estado de inseguridad va transformándose en independencia, los primeros años de vida serán cruciales para adquirir la autonomía física con la que los niños satisfarán su percepción de autoconfianza, dando los primeros pasos en la adquisición de cierta seguridad personal, a partir de ahí podrá ponerse en marcha la autonomía emocional, donde habrá un largo recorrido con distintas figuras de apego (padres, profesores, amigos, compañeros) hasta alcanzar la madurez y, en el mejor de los casos, la emancipación física y emocional de las figuras parentales. Si todo ha ido bien el adulto sentirá que puede hacerse cargo de su propia supervivencia y podrá iniciar su desarrollo personal.

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La necesidad de seguridad nace del más primigenio de los fantasmas del hombre, el miedo. El miedo es el motor que en cualquier contexto socio cultural provocará la búsqueda de la seguridad en todas las facetas de la vida. El miedo a no ser amado, a ser abandonado, a no pertenecer a ningún grupo humano, a no lograr vínculos profundos, le lleva a la búsqueda incesante de la pareja estable, de las relaciones perdurables, convirtiéndole en un ser movido por los afectos y la vida relacional; El miedo a la muerte, a la enfermedad, al envejecimiento, a la no supervivencia condiciona su forma de vida, la prevención y los cuidados personales serán constantes en las distintas etapas de su vida; el miedo a la pérdida de la seguridad material le hará esclavo de su trabajo y sus adquisiciones.

Vamos a visualizar el hombre seguro, y por este término, me refiero a un hombre que ha establecido como meta en su vida la seguridad financiera y personal. En general, es un hombre que ha empujado a un lado la ambición y la iniciativa y se instaló, por así decirlo, en una aburrida rutina, pero seguro y cómodo para el resto de su vida. Su futuro no es más que una extensión de su presente, y él lo acepta como tal con un encogimiento de hombros complaciente. Sus ideas e ideales son los de la sociedad en general y que se acepta como un hombre respetable, pero la media es prosaica”. 

Hunter S. Thompson, periodista estadounidense (1937-2005) 

El miedo en definitiva moviliza para el afianzamiento de la seguridad en cada etapa de la vida: la vivienda propia, el dinero, los planes de pensiones, la jubilación, el matrimonio, las cuentas de ahorro, la contratación de seguros, son algunos de los elementos que aparecen en el escenario de la prevención de riesgos personales. Y así el hombre corre mayor riesgo que nunca, instalarse en un vida segura pero tremendamente rutinaria, donde nada sucede por azar y todo es considerado de una forma racional y sensata, la seguridad puede ser un arma de doble filo que perpetúa a las personas a desconectarse de sus instintos y de su vida emocional para complacer al cerebro reptiliano en su ansia de mantenerse vivo.

“Las personas, pensé, querían seguridad. No podían soportar la idea de que la muerte fuera un gran vacío oscuro, no soportaban pensar que sus seres amados ya no existieran y ni siquiera se podían imaginar a ellos mismos fuera de la existencia. Finalmente, concluí que las personas creían en una vida después de la vida porque no soportaban no hacerlo”.

John Green, escritor estadounidense. 

Posiblemente la única seguridad que sea necesaria es la seguridad personal, la toma de conciencia de que la confianza en uno mismo y en sus recursos personales son los mejores aliados para adaptarse a todo cambio que proponga la vida, vivir con la certeza de que todo lo que esté por venir será afrontado con éxito y podrá resolverse tal y como se pueda, permite disfrutar de una vida menos encadenada al mantenimiento de que las cosas se mantengan siempre tal y como están y más en consonancia con la esencia de cualquier ser vivo: el cambio permanente.

“Para comprender la seguridad no hay que enfrentarse a ella, sino incorporarla a uno mismo”.

 Alan Watts, filósofo británico (1915-1973)

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