¿Qué nos pasa en el verano? 

Llegan las vacaciones después de meses de obligaciones, tanto estudiantes como trabajadores esperan con ilusión la recompensa por el trabajo bien hecho bajo la presión de los horarios, las normas, los deberes y los objetivos planteados a principios del curso o año escolar. Suben las temperaturas, aumentan las horas de sol y la expectativa de aumentar la vida social y de poder disfrutar del tiempo a la manera que cada cual mejor sabe hacer. El verano trae consigo un tiempo diferente, un descanso para el goce de muchos que puede transformarse en un catálogo de emociones nuevas y frescas en forma de amor de verano.

Amor de verano

Amor de verano

¿Por qué parece que estemos más predispuestos al amor en verano?

  • Disponemos de tiempo libre. Cesa el estrés cotidiano, todo se para, llega el “buen tiempo” y se apagan los despertadores. Los ritmos de sueño y alimentación son naturales, sin horarios impuestos. El estado de ánimo mejora y la motivación para las relaciones sociales aumenta.
  • Tiempos de apertura a la vida. En vacaciones nos atrevemos a probar cosas nuevas, pareciera que en un intento por escapar de la realidad cotidiana, quisiéramos vivir todo aquello que no es posible en nuestro contexto habitual. Se idean viajes, cuanto más lejos más apreciados, se planifican encuentros y uno se abre a la vida, a lo que pueda suceder, no hay tabúes, casi todo está permitido y se recibe con gusto.
  • Salida de la zona de confort. Cuando decidimos salir de lo conocido, lo reglado y lo familiar tendemos a crecer y a abrirnos a nuevas experiencias. Lo desconocido se vuelve deseado y lo prohibido agita el deseo por probarlo. Los romances de verano son síntoma de una apertura total a todo aquello que no forma parte de la cotidianeidad. Nos dejamos llevar y desarrollamos herramientas nuevas, nos expandimos a través del amor.
  • Clima cálido propio de exteriores. Y por qué no decirlo, el verano nos permite salir de casa, el calor y los largos días de sol invitan a vivir al aire libre y nos alejan del encierro del hogar tan preciado en tiempos de frío y lluvias. Salimos al mundo y conectamos con los demás en ambientes diferentes, ¡El elemento sorpresa  está servido!
  • Todo vale. El grito de “soy libre” salimos de la escuela, la universidad y el trabajo. Ahora nada está escrito, son las hojas en blanco de cada nuevo año que habrá que rellenar sin pautas. El todo vale se hace extenso a todo aquel que sepa dejar sus roles ejercidos durante todo el año y pueda conectarse con su naturaleza, su yo más intimista que siente la gratitud de la palabra libertad. Se puede viajar a lugares inimaginables, conocer a personas ajenas con particularidades muy diferentes a la gente que ya conocemos, desnudarse bajo el sol, practicar deportes nuevos y enamorarse porque sí, sin pensar ni razonar, simplemente dejándose llevar.
  • Días sin obligaciones. Son tiempos de apertura, de flexibilidad, lo que no se hace ahora ya será atendido, sin enfados, sin frustraciones, no es todo tan importante, una buena comida, un largo paseo, una interminable siesta, una noche de charlas sin relojes, no hay nada tan importante que hacer como sentirse relajado y recompensarse con buenos paisajes y ricos sabores.

¿Cómo son los amores de verano?

Amor de veranoSon repentinos, inesperados, aparecen en el momento justo porque las miradas pueden cruzarse y es que tenemos tiempo para mirarnos a los ojos y quedarnos quietos, sin salir corriendo, nos podemos dedicar a descubrir quién es esa persona que me he cruzado y que pareció sonreírme de esa manera especial que todos entendemos. Son historias divertidas, tiernas y apasionadas, ambos nos encontramos en un momento de expansión y apertura, dejarnos llevar será el timón para la aventura. No existen las obligaciones con el otro, todo se recibe y se da sin pedir cuentas, se sobreentiende que nos hemos encontrado por aquí y que esto es temporal, que pasábamos cerca y que después volveremos a nuestras vidas, así que sobran las explicaciones y las expectativas, la pasión es el único marcador para ambos de que aquello está mereciendo la pena y que cada momento será recordado con una sonrisa pícara en los días de lluvia.

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¿Puede un amor de verano transformarse en una relación estable?

Por supuesto que sí. En realidad el verano, las vacaciones, los encuentros o los viajes solo generan el escenario para encontrarnos con personas a las que jamás conoceríamos en condiciones “normales”, es simplemente una oportunidad buena para enamorarse porque todas las condiciones están a favor del amor. Lo que cada persona haga con ello dependerá de su momento vital, su personalidad, su historia previa y sus necesidades actuales entre otras cosas, no obstante si ambos son capaces de vivir la pasión del amor de verano a la par que generan intimidad, confianza y establecen un apego profundo, al volver a sus vidas es probable que descubran que ya no pueden concentrarse si no es con el otro y entonces decidan darse la oportunidad de intentar construir sobre aquellos recuerdos tan amables, una relación que se ajuste a la vida “real” y quizá emprender una nueva aventura dejándolo todo por amor.

Será así, con la creación de un proyecto de vida en común, como ambos hagan de aquellas caricias bajo el sol una vida en común que tendrá que enfrentarse a las aristas de la realidad, pero sin lugar a dudas, con un comienzo digno de recordar y al que regresar una y otra vez cuando parezca que las huellas que dejó van borrándose y se necesite recordar quienes fuimos aquel verano.

Todos hemos tenido un amor de verano, esperamos que si nos compartes este sea un amor más.

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